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miércoles, 22 de diciembre de 2010

CAMBIO CLIMÁTICO: “Hemos hecho muy poco para tratar este problema tan inmenso”

ENTREVISTA

“Hemos hecho muy poco para tratar este problema tan inmenso”

Jean-Pascal van Ypersele: “La física del clima no tiene nada que ver con la agenda política…” © Jacky Delorme (UCL)
Jean-Pascal van Ypersele: “La física del clima no tiene nada que ver con la agenda política…”
© Jacky Delorme (UCL)
El clima terrestre está influenciado por las variaciones de la energía irradiada por la corona solar (muy visible aquí mientras se produce un eclipse) así como por la posición de la Tierra con relación a su estrella. Aunque estos parámetros varíen en el transcurso de grandes escalas de tiempo, no bastarían para explicar el fuerte aumento de las temperaturas observado desde la revolución industrial. © ESO
El clima terrestre está influenciado por las variaciones de la energía irradiada por la corona solar(muy visible aquí mientras se produce un eclipse) así como por la posición de la Tierra con relación a su estrella. Aunque estos parámetros varíen en el transcurso de grandes escalas de tiempo, no bastarían para explicar el fuerte aumento de las temperaturas observado desde la revolución industrial.
© ESO

Jean-Pascal van Ypersele, vicepresidente del IPCC(1), nos habla del calentamiento climático bajo una óptica científica, sin olvidar la interpretación política, a veces sorprendente, que se da del mismo…

Puede que ya haya consenso sobre la existencia del calentamiento climático, pero ¿es seguro que las actividades humanas son las culpables del mismo?

Existe gran convicción de que el hombre es responsable de este fenómeno y va creciendo con los años. En 1995, el IPCC decía en su informe que “una serie de elementos apuntan a que existe una influencia perceptible de las actividades humanas sobre el clima”. En el 2007, se observó que la mayor parte del calentamiento de los últimos cincuenta años “muy probablemente se debía” a los gases de efecto invernadero causados por el hombre, lo que traduce una probabilidad superior al 90 %.
Esta seguridad se basa en numerosas razones. Por supuesto, en los modelos climáticos, que tanto han avanzado. Pero también en la forma característica del calentamiento: se traduce en un enfriamiento de la alta atmósfera, porque los gases de efecto invernadero encierran una parte del calor en la atmósfera baja que, a su vez, se calienta rápidamente. Si, por ejemplo, el calentamiento se debiera a la intensificación de la actividad solar, sería uniforme, incluso mucho mayor en la estratosfera. Además, observamos que los polos se calientan más rápidamente que los trópicos, fenómeno que corrobora la explicación del efecto invernadero.

¿Qué consecuencias hay que temer?

El último informe del IPCC destina varios cientos de páginas al resumen de los impactos, que van desde la disminución de los rendimientos agrícolas hasta diferentes problemas sanitarios. Me gustaría destacar la importancia de las modificaciones hidrológicas: los modelos predicen que varias regiones muy pobladas sufrirán una intensa desecación, entre ellas la cuenca mediterránea, donde ya se están dando serios problemas de acceso al agua. Otro aspecto es el deshielo de los glaciares de los Andes y del Himalaya, que son el depósito de agua de centenares de millones de personas para quienes la estación de las lluvias sólo dura de algunas semanas a algunos meses. El resto del año, estos glaciares alimentan los ríos; por lo tanto, su anunciada desaparición es muy preocupante.
Otro impacto será la elevación del nivel del mar. Afectará a todos los litorales europeos, sobre todo a las costas bajas como las de los Países Bajos, Bélgica, Alemania… Va a acelerarse la erosión, se infiltrará agua salada en las capas freáticas, aumentarán los daños de las tormentas, etc. Y en el delta del Nilo, diez millones de personas viven a menos de un metro por encima del nivel del mar. Está previsto que en este siglo el nivel del mar suba por lo menos 50 cm, o quizás un metro. ¿Dónde va a ir toda esa gente?

¿Qué posición se debe adoptar frente al “umbral de peligro” fijado en 2°C de calentamiento?

El IPCC nunca ha dicho que no se tuviera que exceder los 2°C de calentamiento, ni que se debiesen estabilizar las concentraciones de CO2 atmosférico a menos de 450 ppm (partes por millón). Nuestro trabajo (y este matiz es importante) consiste en decir que a un determinado escenario de emisión le corresponde un calentamiento dado y, por lo tanto, un determinado tipo de impacto. Son las autoridades políticas quienes tienen que definir los impactos aceptables, puesto que eso supone juicios de valor que no incumben a los científicos. Históricamente, la cifra de 2°C empezó a mencionarse en el año 1996, en una reunión del Consejo de ministros de la Unión Europea. Luego fue validada en cierto modo en el informe del 2001 del IPCC, donde se publicó el célebre diagrama “burning embers” (brasas ardientes) que sintetizaba la gravedad de los impactos según diferentes temperaturas. Su código de colores pasaba del blanco al rojo en torno a los 2°C en la mayoría de los impactos, por lo que la cifra se quedó grabada en la mente de todos a pesar de que se basa en datos de hace más de una década.

¿Quiere decir que los últimos datos científicos invalidan este umbral?

A petición de los políticos, se han revisado los impactos con minuciosidad. Para los autores del informe del 2007, prácticamente los mismos que en el 2001, los umbrales tendrían que revisarse a la baja en aproximadamente 0,5°C. Su nuevo gráfico [Nota de la redacción: véase el artículo “Las herramientas de diagnóstico” de este número] no fue publicado en el informe, pero acabó por salir en la revista científica estadounidense PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) en el 2009. Ya le he dicho que no me incumbía, como vicepresidente del IPCC, definir un umbral de peligro. En cambio, sí le puedo decir que si los ministros reunidos hace 13 años para fijar el umbral de 2°C y 450 ppm se reunieran ahora y se basaran en los mismos criterios que entonces, muy probablemente fijarían el umbral de peligro en 1,5°C y en 350 ppm.

¿Cuáles serían las incidencias de tal cambio de “umbral de peligro”?

Por el momento, el IPCC no responde a esta pregunta, porque el escenario más “magnánimo” evaluado en términos de emisiones genera de 2°C a 2,4°C de calentamiento. ¡Así que estamos obligados a extrapolar para tener una idea de las emisiones que permitirían quedarse por debajo de 1,5°C! Creo que esta laguna se colmará en el próximo informe, pero evidentemente esto implicará la revisión de todos los objetivos para hacerlos aún más vinculantes.

¿Los políticos han prestado más atención al IPCC desde su último informe?

Se ha dado un cambio sumamente positivo (y esto no contradice lo que acabo de decirle), puesto que el objetivo de 2°C ha sido adoptado recientemente, primero en el G8 y luego en el G20. Es un hecho muy importante, a pesar de las reservas que tengo con esta cifra, porque hasta entonces no se había adoptado ninguna cifra en el ámbito internacional, ¡lo peor que podía pasar! La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, adoptada en el año 1992 antes de la cumbre de Río, se limitaba a decir que había que estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero “a un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático”. Pues ya han pasado 17 años sin objetivo cifrado reconocido internacionalmente. La adopción de una cifra es un avance enorme, puesto que toda una serie de cifras emanan de la misma, principalmente los objetivos de reducción de emisiones.

Por lo tanto, ¿el trabajo del IPCC se está traduciendo poco a poco en decisiones políticas?

Sí, exceptuando que las interpretaciones que se realizan de nuestras estimaciones a menudo son… selectivas. Por ejemplo, dijimos que para estar entre 2°C y 2,4°C de calentamiento (y, lo repito, ¡no hemos dicho que “por debajo de” 2°C!) haría falta, teniendo en cuenta las incertidumbres científicas, que las emisiones mundiales llegaran a su pico “entre el año 2000 y el 2015”. Para algunos, este intervalo ya ha pasado a “en el 2015”, y lamento que, hace algunas semanas, para el Consejo Europeo, este plazo se transformó inexplicablemente en ¡“antes del 2020”! Posiblemente esto se deba a que el “paquete clima” europeo se ha elaborado con vistas al 2020, pero la física del clima no tiene nada que ver con la agenda política…
Otro ejemplo: el último G8, cuando adoptó el objetivo de 2°C, lo tradujo en “un descenso de las emisiones globales del 50 %”, pero sin dar ningún año de referencia, lo que sugiere que se refiere a las emisiones actuales. Ahora bien, en su informe, el IPCC decía que había que reducir las emisiones mundiales del 50 % al 85 % en relación a las del año 1990. ¡Y desde esta fecha, las emisiones han aumentado en un 40 %! En otras palabras, independientemente de cualquier consideración sobre nuestra capacidad de alcanzarlos, los objetivos actuales contemplados a nivel internacional están por debajo de lo que sería necesario para proteger a las poblaciones y a los ecosistemas.

¿Qué queda por hacer en materia de reducción de las emisiones?

A pesar de los avances logrados, hemos hecho muy poco para tratar este problema tan inmenso. Como botón de muestra, el protocolo de Kyoto: el objetivo era reducir las emisiones en un 5 % en 22 años en los países desarrollados (entre 1990 y 2012), y este objetivo quizás se logre a duras penas. Ahora bien, lo que hay que hacer ahora en estos mismos países, es reducir las emisiones en un 80-95 % en 40 años, lo que permitiría una reducción del 50-85 % para todo el planeta. Y a finales del siglo, habría que llegar al objetivo de cero emisiones. Esto supone revisar a fondo la manera en la que consumimos, en la que producimos (no sólo la energía sino todos los bienes), en la que nos desplazamos, nos alojamos, trabajamos… ¡Una auténtica revolución!

Entrevista de Yves Sciama

  1. IPCC: Panel Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático. Jean-Pascal van Ypersele es físico, climatólogo y profesor en el Instituto de Astronomía y Geofísica de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica).

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