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Japón está introduciendo el uso de la inteligencia artificial para reactivar el sector de la construcción en el país
La innovación viene de la mano del uso de herramientas 3D que ayudan a reducir las emisiones de CO2
Japón, el país líder mundial en alta tecnología, encuentra en la innovación y en la inteligencia artificial una vía para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El sector de la construcción se enfrenta últimamente al envejecimiento de sus trabajadores, así como a la disminución del número de candidatos cualificados dispuestos a trabajar en esta industria.
Con la etiqueta de «sucio, duro y peligroso» a cuestas, este sector resulta poco atractivo para las nuevas generaciones. Ver que cada vez hay menos candidatos para incorporarse a trabajos de construcción es el motivo que ha llevado a la empresa nipona Komatsu a hacer uso de la inteligencia artificial para mejorar su productividad, según una información publicada por Euronews que explica cómo la innovación japonesa busca soluciones para impulsar el desarrollo sostenible.
Esta compañía japonesa tiene mucho interés en atraer a más gente joven para trabajar en el terreno, sobre todo mujeres. Consideran que su participación en el sector es crucial debido a la escasez de más de un millón de trabajadores en la industria nipona de la construcción.
«Usando este sistema esperamos que las mujeres participen de manera más activa en la industria, no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo», afirma Yuki Ohnuki empleado de la división de Promoción de Construcción Inteligente de la compañía en declaraciones a Euronew.
Nueva vida para los residuos
Los sistemas de construcción de esta compañía se basan en la construcción inteligente. Se trata de modelos de máxima innovación basados en tecnologías de la información y la comunicación.
Los drones de escaneo láser, por ejemplo, se usan para analizar lugares específicos de trabajo. Desde el aire, estos drones escanean obras gigantes y con los datos obtenidos se crean luego estudios en 3Dcuya información se comparte después con todas las máquinas y trabajadores a tiempo real. Un sistema de extrema precisión que consigue recortar el tiempo empleado en los lugares de trabajo, aumentando la eficiencia y reduciendo el impacto medioambiental.
«Esta construcción inteligente enlaza todos los procesos de producción de la construcción de principio a fin, desde el diseño hasta la realización del proyecto. Con la simulación en 3D mejora la eficiencia de las operaciones y se reducen también las emisiones de CO2», explica Chikashi Shike, presidente de la división de Promoción de Construcción Inteligente de Komatsu.
Los residuos suponen un gran problema tanto en el mundo desarrollado como en vías de desarrollo. ¿Qué se puede hacer, por ejemplo, con un tranvía cuando está fuera de servicio y ya no se usa?
Suhji Yonomura, director del proyecto Remember, cree que los objetos obsoletos pueden tener una segunda vida. «Hay muchas partes de un tranvía que se pueden reciclar y reutilizar», afirma.
El proyecto Remember es una nueva iniciativa japonesa basada en las clásicas 3R (Reducir, Reusar, Reciclar) que crea nuevos productos a partir de materiales desechados que, de otra manera, terminarían convertidos en chatarra. Según epxlica desde el canal Euronews, la idea ha sido desarrollada por el propio Yonemura, a quien le gusta más hablar de un «reciclaje espiritual» que transforma los materiales de un viejo tranvía en herramientas útiles.
«Nos proponemos crear un ciclo que transfiera las riquezas de los productos manufacturados con las piezas de los trenes en desuso en actividades de caridad», explica Yonemura. Desde su punto de vista, este proyecto puede adoptarse en distintos lugares como Europa, donde los trenes tienen una gran presencia.
El rol de Japón
El conocimiento, la experiencia y las ganas de hacer del mundo un lugar mejor para vivir son la clave de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. ¿Qué está haciendo Japón en la implementación y el desarrollo de dichos objetivos?
«En Japón estamos trabajando en especial en avanzar en los objetivos relacionados con el empoderamiento de las mujeres y las condiciones de trabajo», explica Megumi Ishizuka, directora adjunta de la organización Global Cooperation.
«A nivel internacional, Japón ha sido un gran defensor de la seguridad humana, integrado en el concepto de ‘no dejar a nadie atrás’ de la agenda de 2030 de la ONU. Basados en este enfoque humano, podemos jugar un rol importante ayudando a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, sobre todo en áreas como la reducción del riesgo de catástrofes y la sanitaria en África», añade.
Prueba de ello, es otra creación nipona que ya está lista para su implantación en países del continente africano: unos inodoros de la empresa Lixil SATO que evitan que los insectos se cuelen en los agujeros abiertos donde las poblaciones más pobres defecan, evitando así el contagio y la propagación de enfermedades.
En África subsahariana, la defecación al aire libre es uno de los mayores problemas por ser la causa de propagación de un buen número de enfermedades. «Se trata de una simple tapadera que hace contrapeso. Esta se rellena con cemento al hacer la instalación y el dispositivo mantiene la tapadera cerrada», explica Jim McHale, vicepresidente de Lixil en Tokio. Este artefacto, además, es relativamente barato de fabricar.
La compañía japonesa se ha marcado el objetivo de mejorar los sistemas sanitarios de 100 millones de personas para 2020. Un reto ambicioso, ya que alrededor de 2,4 millones de personas carecen todavía de la infraestructura sanitaria básica. Un hecho que hace pensar si de verdad se podrán alcanzar los objetivos establecidos por la ONU para 2030.
«Quiero ser optimista», declara la directora de Global Cooperation. «El principal desafío para la comunidad internacional es sensibilizar y concienciar al público en temas de educación, y comprometer a la juventud. Los jóvenes son clave, porque los Objetivos de Desarrollo Sostenible tratan de crear un futuro mejor en el que ellos vivirán», concluye.
Director del Centro de Resiliencia de Estocolmo, enfocado en dar una nueva perspectiva al concepto de la sostenibilidad: la capacidad de usar el cambio y la crisis para incentivar una forma de pensar innovadora.
En su charla, Rockstrom habla de los eras geológicas terrestres y de los cambios climáticos naturales que ha ido sufriendo el planeta y que han provocado la extinción de especies y las migraciones a zonas más estables climáticamente. La era actual (Antropoceno), tiene una característica con respecto a las anteriores: es la única en la que el cambio climático está siendo provocado por la humanidad. Desarrolla la teoría de los 9 límites globales que el planeta no debería cruzar y destaca que, actualmente, se han sobrepasado tres de ellos (indicadores de biodiversidad, flujo de nitrógeno y calentamiento global).
“Hay que pensar de forma diferente transformando esta crisis en una oportunidad, y tenemos como ejemplos la transformación de la agricultura en latinoamérica, la gran barrera de coral de Australia, o el planeamiento inteligente del territorio de los humedales suecos”.
Una tecnología novedosa esta revolucionando la tradicional forma de generar energía eólica, elminando las aspas y aumentando la sostenibilidad.
Menos ruido, menos espacio, más ahorro y sobretodo no mata aves asi es la nueva energía eólica que esta revolucionando a España y se llama Vortex Bladless. David Yañez, David Suriol y Raúl Martín, son los padres de esta criatura tecnológica que esta haciendo historia y marcando una nueva pauta.
Vortex Bladeless consiste en un cilindro cónico vertical anclado al terreno mediante una varilla elástica que, con el paso del aire a su alrededor, oscila y, gracias a un sistema de bobinas e imanes, permite la generación de electricidad con ese movimiento.
La nueva tecnología Vortex crea un modelo de aerogeneradores diferentes a los que conocemos hoy en día,los que se mueven de una manera diferente, pero que aportan muchas ventajas. Energía Limpia XXI desctaca que Vortex es un 60% más efectiva que la tecnología eólica que hoy conocemos produciendo menos ruido, en menos espacio y evitando la muerte de miles de aves que se son golpeadas por los molinos tradicionales.
Principio físico
Una calle de vórtices de von Kármán es un patrón que se repite de vórtices en remolino causados por la separación no estacionaria de la capa de fluido al pasar sobre cuerpos sumergidos. Debe su nombre al ingeniero y estudioso de la dinámica de los fluidos, Theodore von Kármán.
En estos días la energía solar, geotérmica, hidroeléctrica y biomasa están en un creciente auge, pero este nuevo invento ha inyectado una bocanada de aire fresco al sector de las renovables de viento. Estaremos pendientes de nuevos adelantos tecnológicos.
Investigadores de la multinacional alemana Siemens han desarrollado un sistema que utiliza el excedente de energía de las renovables para convertir el dióxido de carbono en compuestos aptos para la industria, como el etileno y el monóxido de carbono. Los desarrolladores aún no han logrado recrear todo el proceso de fotosíntesis, ya que involucra muchas estructuras de proteínas complejas e interconectadas difíciles de imitar en un laboratorio. Pero esperan conseguirlo en dos años.
Un equipo de Siemens Corporate Technology, en Múnich, ha desarrollado un sistema capaz de imitar la fotosíntesis para transformar el CO2 en productos químicos de gran valor para la industria. Para imitar el proceso biológico, se utiliza el excedente de energía de las renovables.
Según la firma, no existe ninguna otra reacción química tan productiva como la fotosíntesis, un biomecanismo por el que la energía solar y el agua convierten el CO2 en energía rica en sustancias para las plantas. De hecho, los científicos han estimado que las plantas producen 150.000 millones de toneladas de energía rica en biomasa en todo el mundo cada año y, por ello, estudian la forma de replicarlo.
Han creado unos pequeños módulos donde se pueden simular energéticamente el dióxido de carbono, de la misma forma que en las células vegetales
Aunque todavía no se ha conseguido recrear el proceso en su totalidad, ya que involucra muchas estructuras de proteínas complejas e interconectadas difíciles de imitar en un laboratorio, los desarrolladores de Siemens acaban de dar un importante paso para hacer realidad la fotosíntesis sintética. Para ello, han creado unos módulos del tamaño de una caja de zapatos donde se pueden simular energéticamente el dióxido de carbono, de la misma forma que en las células vegetales.
Dependiendo de las condiciones en las que se realicen estas pruebas, el CO2 activado reacciona para crear una gran variedad de otro tipo de moléculas como: el etileno, un componente que la industria a química necesita para la producción de plásticos; el gas metano rico en energía, el principal componente del gas natural; o el monóxido de carbono, que puede ser utilizado para producir combustible como el etanol, por ejemplo.
Renovables para transformar el CO2
Las plantas aprovechan el dióxido de carbono a través de la absorción de energía de la luz utilizando pigmentos como la clorofila verde. Este proceso libera electrones ricos en energía a partir de la clorofila. Enzimas que luego transfieren estos electrones al CO2, que lo convierten en activo químicamente y capaz de reaccionar con otros compuestos.
Numerosos equipos de investigación intentan replicar de forma completa este proceso biológico, especialmente en EEUU y Japón. Para Maximiliam Fleischer, director de la investigación de la fotosíntesis sintética de Siemens como parte del proyecto CO2toValue, esto es actualmente casi imposible. “Nosotros estamos intentando alcanzar la fotosíntesis por pasos”, explica.
La clave para Fleischer es que en vez de intentar capturar la luz, es necesario centrarse en activar el CO2 para poder transformarlo en otros productos, para lo que están utilizando la energía procedente de las fuentes renovables.
La primera opción es conducir el proceso a través de la electricidad, una opción visionaria es utilizar directamente la luz del sol.
La base del proyecto es la creación de catalizadores químicos capaces de cargar el CO2 inerte con electrones ricos en energía. El reto es cargar sólo el dióxido de carbono con electrones y no con las moléculas de agua, ya que en ese caso se produciría hidrógeno convencional. Los especialistas de la Universidad de Lausanne en Suecia y científicos de la Universidad de Bayreuth trabajan con el equipo de Fleischer para desarrollar catalizadores para Siemens. Esta colaboración ya ha dado lugar a la creación de una variedad de ellos.
El pequeño módulo de fotosíntesis que utilizan los investigadores es básicamente una célula de electrólisis, en la que una corriente es conducida a través de electrodos en agua altamente carbonatada y que funciona como un conductor eléctrico. El reto es fabricar el cátodo, el polo negativo del catalizador especial, capaz de transferir electrodos directamente en el CO2 para producir el producto deseado. “El proceso ya funciona muy bien para la producción de monóxido de carbono”, explica Fleischer. Los investigadores de Siemens se han centrado en crear sustancias necesarias para la industria química, ya que a día de hoy este sector depende casi en su totalidad de las materias primas derivadas del petróleo.
La idea es realizar la fotosíntesis en un módulo de vidrio parecido a las células fotovoltaicas
Trampa de luz
Una fábrica a gran escala está ya operando en el laboratorio de Fleischer. Con esta factoría de prueba, los investigadores quieren ir un paso más allá y capturar la energía del sol. La idea es realizar la fotosíntesis en un módulo de vidrio parecido a las células fotovoltaicas.
La luz podría transmitirse desde la parte de arriba mientras que el dióxido de carbono puede fluir en el sistema desde la parte de abajo. Algo que han denominado trampa de luz, donde en lugar de intentar imitar las complejas moléculas de clorofila, se utilizarían granos de recolección de luz basados en semiconductores. Estos granos pueden estar envueltos por los catalizadores y, si todo funciona, los semiconductores suministrarían electrones ricos en energía, con los que después los catalizadores podrían transferir CO2 en fracciones de segundos. Todo el proceso debería ser conducido por la luz.
Se espera que este nuevo sistema esté listo en un par de años. Dependiendo de su aplicación, la fábrica del futuro utilizará inicialmente el C02 procedente de la emisión de los gases producidos por las centrales eléctricas, fábricas y plantas químicas. Para poder llevarlo a cabo, los investigadores están desarrollando materiales capaces de absorber CO2 como una esponja y por tanto poder concentrarlo. Esto permitiría la producción de metanol, un valioso biocombustible.
Por Luis Meyer | Foto: Simos Wijers | Infografías: Romualdo Faura
«Hay una capacidad creativa y de reinvención asombrosa»
El 71% de las empresas de Ashoka ha influido en las políticas de sus países
Portugal ha creado un fondo de 150 millones para la ayuda a emprendedores sociales
El mero hecho de emprender un negocio, sean cuales sean su actividad y sus objetivos, ya tiene una vertiente social, en cuanto a que genera empleo y riqueza. Pero los emprendedores sociales van más allá: «No se limitan a fundar empresas; fundan cambios», define Luis Berruete, coordinador de Creas, una organización que apoya la inversión de proyectos que impactan en necesidades que tienen que ver con el medio ambiente y la sociedad. «No hay que hablar de ventajas económicas, sino de otras cosas menos tangibles: las motivaciones personales, porque aquí no inviertes tu energía y tu talento para ganar dinero, sino para mejorar una situación».
Alfred Vernis es profesor de Estrategia y Dirección General de Esade y director de Momentum Project, un ecosistema de apoyo al emprendimiento social impulsado por BBVA. Considera que la distinción fundamental respecto al emprendimiento tradicional está en el valor que propone: «Para un emprendedor, parte de servir a unos mercados que puedan comprar un producto o servicio determinado para obtener un beneficio para él y sus inversores. En cambio, el valor de un emprendedor social está relacionado con una transformación positiva en la sociedad. Los emprendedores buscan consumar un impacto social muy definido. En el acto de creación, comparten muchos aspectos con los emprendedores ordinarios, pero difieren en su misión fundamental. El motor de la creación de una empresa social es el impacto social, no la aventura empresarial».
El objetivo del emprendedor social es cambiar el mundo, mejorarlo, mitigar las injusticias y desigualdades, hacerlo más sostenible. No es una figura nueva. Si echamos la vista atrás encontramos iniciativas que datan del siglo XIX, como la de Florence Nightingale, que fundó la primera escuela de enfermería en Inglaterra para modernizar la profesión y mejorar el trato a los pacientes, y a quien muchos contemplan como una pionera en este tipo de empresas. Lo que sí es reciente es la consideración del emprendedor social como figura: el término se acuñó por primera vez en los años 80, y en estas tres décadas ha ido evolucionando y ganando entidad.
Según el último informe GEM, observatorio del emprendimiento en España, el porcentaje de empresas creadas con fines sociales y medioambientales es de los más bajos de Europa, solo el 0,53%, mientras que en Islandia supera el 4%. Sin embargo, son datos matizables: el último estudio data de 2009, justo cuando estalló la crisis. «Precisamente eso provocó que surgiera más innovación y más conciencia en valores, aparecieron muchos modelos disruptivos y el número de emprendedores sigue creciendo año tras año», afirma Maira Cambrini, portavoz de Ashoka en España, la mayor red internacional de emprendedores sociales. «Somos una organización que apoya esta figura. Durante tres años les damos un estipendio para que puedan dedicarse a su proyecto. Ya tenemos 26, cada año añadimos solo tres o cuatro porque nuestro proceso de selección es muy riguroso, pero te puedo asegurar que cada vez se presentan más emprendedores. Para que te hagas una idea del cambio de paradigma, no seleccionamos el proyecto, sino a la persona, siempre que su objetivo sea resolver una problemática medioambiental, de salud, de educación, etc. Le facilitamos diferentes consultorías, le ponemos en contacto con otras personas de su sector. Mi experiencia es que hay un perfil potentísimo, cada vez más. Y con una capacidad creativa y de reinvención asombrosa. Tenemos a un emprendedor que ha diseñado un videojuego de marcianitos que pronostica la malaria, por ejemplo. Es de Madrid, pero ya se está usando en países del tercer mundo, como Mozambique. La crisis ha agudizado el ingenio, el emprendimiento con conciencia y la capacidad para identificar las necesidades sociales y medioambientales».
Antonio Gallut dirige Lonxanet, una plataforma que gestiona una reserva marina en las costas de Galicia, y que fomenta el diálogo entre pescadores, científicos y Administraciones para su conservación. Advierte de que no hay que olvidar otro de los pilares del emprendimiento social, aparte del medio ambiente y los sectores en riesgo de exclusión: «La educación. Es un factor muy importante porque promueve el cambio social a partir de nuevos modelos de enseñanza. Estamos viendo muchos emprendedores que van en esta dirección». Es el caso de empresas como Valnalón Educa, que impulsa el espíritu emprendedor en la sociedad promoviendo un cambio de mentalidad y actitud en los jóvenes por medio de proyectos para alumnos de todas las edades.
En definitiva, asistimos a una época de innovación y nacimiento de modelos disruptivos, enfocados a solucionar problemas y mejorar la situación, que logran ser sostenibles en el tiempo: según estudios de la propia Ashoka, el 83% de los 3.000 emprendedores sociales que componen su red internacional continúa trabajando en su idea inicial, el 71% ha influido en las políticas de sus países y el 85% ha logrado un cambio sistemático a gran escala.
Inversiones de impacto
Los emprendedores sociales tienen varias vías para financiarse, ya que en España se está creando un ecosistema en los últimos años que engloba aceleradoras y asociaciones que apoyan la búsqueda de capital para este tipo de proyectos. Es el caso de la mencionada Creas. «Gestionamos inversiones de impacto: social, medioambiental y económico», cuenta su coordinador, «aportamos capital riesgo de la siguiente manera: entramos en las empresas, añadimos valor, vendemos las participaciones y con esa rentabilidad volvemos a invertir en otras empresas sociales». Para Berruete, la inversión en este tipo de emprendimientos «no tiene nada que ver con la inversión socialmente responsable. Es, directamente, inversión social. Cada vez hay más que piensan que está muy bien invertir para ganar dinero, pero mejor aún hacerlo para ganar dinero y generar impacto. También existe el impulso de ayudar a la sociedad entre muchos inversores».
Las incubadoras ofrecen todo tipo de apoyo humano a los emprendedores sociales en los primeros pasos. Un ejemplo es Socialnest. Su fundadora, Margarita Albors, cuenta que su proyecto es fruto de una experiencia personal. «Yo estaba estudiando un máster en la Universidad de Harvard en Estados Unidos, venía del mundo de la ingeniería en la empresa privada, y fui para formarme en gestión empresarial. Me sentía muy afortunada de tener esa experiencia y de estar allí, pero me encontraba con una realidad que no había vivido con esa intensidad en España: las desigualdades sociales. A las mismas puertas de la universidad veía todos los días grupos de personas sin hogar, que dormían allí mismo, o se refugiaban por las noches en la tienda donde yo compraba los libros. Era 2008, acababa de estallar la crisis financiera con la caída de Lehman Brothers. Me di cuenta de que tenía cierta responsabilidad en poner mi granito de arena, de alguna manera. Empecé a informarme y a formarme en esa dirección. Decidí emplear mi formación en la empresa privada en aportar mi capacidad en mejorar el mundo en el ámbito social. Vivíamos una crisis que afectaba a la economía, producida por una crisis de valores».
Desde su experiencia en estos últimos años Albors también considera que el número de emprendedores sociales en España no deja de incrementarse. «Es poco cuantificable, y además hay muchos emprendedores y empresas que ni siquiera son conscientes de que entran en ese grupo. Es muy heterogéneo, porque comprenden diferentes proyectos y formas jurídicas».
Un sector por regular
Precisamente, una de las principales reclamaciones de los emprendedores sociales es acabar con esa indefinición. «Está muy poco desarrollada la legislación y el apoyo del Estado», denuncia Berruete, «incluso Portugal nos saca ventaja en este sentido, que acaba de crear un fondo de 150 millones para la ayuda a emprendedores sociales. Varias asociaciones estamos intentando, con 10 propuestas, que haya un Consejo Nacional que regule las inversiones de impacto y el emprendimiento social. Nos basamos en las recomendaciones del G8. Nuestra intención es que se recoja en el programa de las próximas elecciones, y que luego se implemente».
La diferencia entre una empresa social y una ONG es que la primera se financia con el producto de su actividad económica, mientras la segunda lo hace por donaciones, públicas o privadas. Con todo, falta un marco regulatorio que la defina y concrete, como reclama Antonio Espinosa, CEO de Auara, una firma de agua mineral que emplea los ingresos obtenidos con su venta en llevar el agua a las zonas con más carestía del tercer mundo. «No hemos encontrado ninguna certificadora en España, estamos en un proceso de certificación con una de Inglaterra. Hay sellos para las ONG o las fundaciones, pero para la empresa social no hay nada parecido en nuestro país. Entre los requisitos que nos ponen los británicos está el de destinar, como poco, el 51% de nuestros beneficios a proyectos sociales (nosotros dedicamos el 100%) y el compromiso de no repartir dividendos». El proyecto de Auara toca los dos palos principales a los que se dirige todo emprendimiento social: las personas y el medio ambiente: «La escasez de agua en el tercer mundo es la base de toda la pobreza. No es solo la que bebes, es con la que cultivas alimentos básicos, la que usas para una higiene mínima, etc. A través del agua podemos cambiar aspectos de una sociedad, esa es la base de nuestros proyectos: acceso al agua potable, saneamiento y agricultura básica».
Noelia López es una de las coordinadoras de Saraiva, una empresa que gestiona residencias y centros de día para personas mayores adoptando el housing, «un modelo que viene de los países nórdicos. Normalmente, el ambiente de estos centros se acerca al aspecto de un entorno clínico, pero nosotros buscamos que la persona se sienta como en su casa. Eso aporta muchas cosas al anciano, le ayuda a envejecer de una forma natural, sin sentir que ha roto con su entorno».
López también echa en falta más regulación y apoyo por parte del Estado. «Explicar que nuestra empresa es la manera de aportar un granito de arena para cambiar las cosas y no para ganar dinero es complicado, a la gente le cuesta asimilarlo. Es una cuestión de cultura. Cualquier tipo de empresa trata de aportar valor. En el caso de las empresas sociales, añadimos al económico –para que sea sostenible– el social o medioambiental. La tendencia es que cada vez hay más emprendimiento social, por eso es necesaria una normativa que nos defina».
Maira Albors, sin embargo, advierte de que una regulación específica para las empresas sociales puede tener sus riesgos: «Podría limitar sus vías de financiación debido a las restricciones de una forma jurídica específica. Ahora, el emprendedor social puede elegir si su proyecto es una fundación, una S.L. o la forma que mejor le convenga para sus objetivos. Hay que legislar, sí, pero con mucho tiento».
Puedes encontrar este y otros reportajes en el número especial sobre emprendimiento elaborado por Ethic y la Fundación EY.
Cuenta la mitología budista que un día, alrededor del siglo V antes de nuestra era, Sidarta Gautama se sentó bajo una higuera una noche de luna llena y prometió no levantarse hasta alcanzar el Nirvana. Permaneció en la misma postura durante 49 días con sus noches. Cuando abrió los ojos se había convertido en un iluminado (un buda) y estaba tan agradecido a aquel “ficus religiosa” por haberle dado cobijo que permaneció una semana entera mirando sus ramas en señal de respeto y admiración. En el caso del Buda la luz llegó de su interior -una iluminación metafórica- pero Antony Evans, fundador de Glowing Plants, quiere que esa luz tenga una dimensión física y que provenga de las plantas.
La idea de conseguir que algunas especies vegetales brillen en la oscuridad no es nueva. En los años 80 ya se consiguió al introducir encimas luciferinas provenientes de luciérnagas en algunas plantas. Los resultados, aunque llamativos, fueron modestos: había que fotografiar a la planta con una exposición de ocho horas para apreciar una tenue luminiscencia. Más adelante, en 2010, investigadores de la universidad Stony Brook modificaron genéticamente una planta de tabaco al transplantarle algunos genes de una bacteria marina productora de luciferina. Lo novedoso en el proyecto que lidera Evans es que diseñan las secuencias de ADN en un ordenador con un software especial, y después lo imprimen para inyectarlo con una pistola de genes.
Cualquiera puede conseguir una de estas semillas milagrosas a través de la web de Glowing Plants y hacer crecer una planta luminosa en casa. Incluso, si se atreve, probar sus propios experimentos, puesto que el ADN creado es de código abierto y, por lo tanto, modificable. Antony Evans y sus socios insisten en que su proyecto es la solución a un mundo que consume recursos de forma enloquecida, lo que llevará a quebrar los límites del planeta. La propia Naturaleza, afirman, tiene la respuesta a través de la bioluminiscencia, puesto que es una energía limpia, renovable y sostenible. “Estamos, afirma Evans, entrando en una era en la que diseñar un organismo biológico será tan fácil como diseñar una aplicación móvil” por eso confía en que sus plantas podrán, en pocos años, servir para eliminar las farolas en las ciudades y sustituirlas por árboles luminosos.
El profesor Mohammed Bah Abba junto a su desarrollo de "frigorífico" de arcilla
En este ensayo se explican los fundamentos de diferentes aspectos implicados en la fabricación y en el funcionamiento de un original frigorífico que funciona sin necesidad de aporte de energía eléctrica. Fue desarrollado hace unos pocos años por un profesor nigeriano que se basó en ciertas propiedades del agua y de la cerámica. Este invento no es una mera curiosidad, sino que ha supuesto un importante avance social en algunas zonas de África, por lo que constituye un excelente ejemplo de cómo la ciencia y la tecnología pueden influir de manera determinante en la solución de problemas concretos que se plantean en las distintas sociedades.
En el año 2.000, la conocida marca de relojes Rolex otorgó uno de los premios que concede con carácter bienal, para reconocer el desarrollo de proyectos empresariales creativos y de inventos pioneros que promueven cambios significativos, al profesor Mohammed Bah Abba. Se destacaba así su labor en el desarrollo del frigorífico citado, mediante la aplicación de una tecnología aparentemente sencilla pero que, para los habitantes de ciertos pueblos africanos, ha significado un hito fundamental para su desarrollo.
Estos premios suponen un reconocimiento a tareas encomiables realizadas, en la mayoría de las ocasiones, con medios materiales sumamente limitados. Pocas veces esta prestigiosa distinción ha sido tan merecida. Indiquemos desde el principio que, entre otros aspectos que se irán desgranando, gracias al invento, las niñas de los poblados de ciertas zonas del norte de Nigeria pudieron asistir de forma regular a la escuela. Pronto entenderemos el porqué, y se apreciará cómo se basa en las propiedades fisicoquímicas de dos de las sustancias más características de nuestro planeta, el agua y la arcilla, así como en ciertas propiedades del aire, que también juega un papel relevante en el proceso.
La física y la química nos enseñan que el agua es una sustancia sumamente peculiar, porque posee características que la distinguen de la mayoría de los líquidos. Baste decir, aunque no guarde relación con la cuestión central analizada en este texto, que, como aprendemos desde pequeños, el hielo (agua sólida) es de los pocos sólidos menos denso que su líquido correspondiente, por lo que flota en éste. ¿Quién no se ha quedado absorto en algún momento viendo cómo, a pesar de empujar hacia abajo un cubito de hielo en una bebida, el hielo vuelve a flotar, "empeñándose" en llevarnos la contraria?
La tensión superficial (propiedad que otorga a la superficie de los líquidos un comportamiento parecido al de una membrana) es tan elevada en el caso del agua que puede sostener una aguja de acero (más denso que el agua) en su superficie, y permite caminar por encima a ciertos insectos. Por añadir algo más sobre esta peculiar sustancia, el "líquido elemento" de los alquimistas, conviene resaltar que, siendo el único compuesto cuya fórmula conoce casi todo el mundo (el "hache dos o"), sus propiedades no son aún del todo bien conocidas en profundidad.
Otra propiedad peculiar del agua es su elevado calor específico (energía necesaria para que un gramo de sustancia aumente en un grado centígrado su temperatura), lo que explica el hecho de que pequeñas cantidades de agua son capaces de tomar o liberar gran cantidad de calor (energía), experimentando sólo pequeñas variaciones de temperatura.
Para el invento que aquí se expone destaca otra propiedad termodinámica: el agua posee un elevado calor de vaporización (energía necesaria para que una sustancia pase de líquido a vapor), lo que significa que la evaporación de pequeñas cantidades de agua provocan un efecto importante de absorción de calor, produciendo un enfriamiento apreciable en el líquido restante. Podríamos recordar, al respecto, ese frescor que nos acompaña en los calurosos días de verano al salir de la piscina o del mar tras un baño. Se debe a la evaporación del agua que moja nuestra piel. Otra aplicación del calor de vaporización para refrescarnos es el hecho de que el exceso de calor de nuestro organismo se consume, en parte, por evaporación de agua (componente mayoritario del sudor) en la piel, tras ser liberada por las glándulas sudoríparas. Al jadear, los perros emplean un proceso similar, perdiendo calor a través de la evaporación del agua de la saliva de la lengua.
El profesor Abba, citado antes, y que lamentablemente falleció con solo 46 años, inventó un frigorífico, hecho con cerámica, que no necesita de electricidad, sino que hace uso, precisamente, de algunas de las propiedades del agua que se han indicado. Dicho frigorífico, que en inglés se conoce desde entonces como "pot in pot" (se podría traducir por "vasija en vasija") y en árabe como "zeer", requiere la preparación de dos recipientes de cerámica porosa, de distinto tamaño, que se disponen uno dentro del otro, y entre los que se introduce arena humedecida. Es esencial para su correcto funcionamiento que la arena esté constantemente húmeda.
Esquema del frigorífico "pot in pot", basado en un dibujo de Peter Rinker (Own work, via Wikimedia Commons).
Dentro de la vasija interna se introducen alimentos que se tapan con un paño húmedo. Los alimentos así dispuestos se encuentran a temperaturas inferiores a las del ambiente exterior, gracias a la evaporación del agua, según el efecto termodinámico ya comentado y que explica también el enfriamiento del agua en los populares botijos españoles. [1] Se produce así, en el frigorífico de cerámica, un descenso de temperatura de hasta cerca de veinte grados centígrados. Nótese que los frigoríficos convencionales que utilizamos, si bien llegan a temperaturas inferiores y más controlables, necesitan estar conectados a la red eléctrica para funcionar, dado que se basan en otros principios termodinámicos muy diferentes.
Aparte de las características del agua, también la cerámica con la que se fabrica el frigorífico en cuestión ocupa un papel relevante. Es un material aislante térmico (conduce mal el calor), por lo que resguarda al interior, con alimentos, del calor del aire y de la radiación solar. Además, su porosidad permite que se evapore el agua que acompaña a la arena humedecida, situada entre ambos recipientes. Si la cerámica no fuera porosa, no se produciría evaporación del agua y, por tanto, no habría refrigeración (como ocurre con los botijos barnizados, en los que el agua no se enfría). Por otra parte, la porosidad aumenta la capacidad como aislante térmico del material cerámico.
Para preparar objetos de cerámica, como los aquí indicados, se trata una arcilla adecuada con agua, lo que la hace deformable (adquiere un comportamiento "plástico"). Las arcillas están constituidas químicamente por varios tipos de silicatos y aluminosilicatos de estructura laminar. Para ilustrar la estructura de una arcilla, en la siguiente figura se muestra la correspondiente a la montmorillonita [2]. Las arcillas se suelen volver plásticas con el agua porque esta sustancia le otorga un efecto "lubricante" que facilita el desplazamiento de las láminas entre sí.
Estructura de la montmorillonita, como ejemplo de arcilla
Una vez conformada una pieza de arcilla humedecida con la forma deseada, se somete a un ciclo de secado y calefacción en hornos, a temperatura adecuada, produciéndose una serie de procesos químicos de transformación de silicatos, que hacen rígido al material y, por tanto, ya no deformable. Sin conocer como ahora la estructura de los silicatos arcillosos, ni las complicadas reacciones químicas implicadas en su cocción, este proceso de preparación de materiales cerámicos es bien conocido desde hace miles de años: es el "secreto" del arte de la alfarería.
El clima también es importante en el frigorífico cerámico que se está comentando. Si hubiera una elevada humedad en el ambiente, el agua no tendría tendencia a evaporarse y no funcionaría un frigorífico como el aquí descrito. Al igual que para el caso de los botijos ya aludidos, para que se produzca la evaporación del agua, a la velocidad adecuada, es necesario que exista un clima caluroso y seco, algo que no es frecuente en el conjunto de nuestro planeta, donde son más habituales los veranos húmedos. Este hecho justifica el porqué los botijos y otros materiales cerámicos que refrescan el agua son conocidos desde hace siglos sólo en ciertas zonas, como las de clima mediterráneo, pero no en otras latitudes. [3] Además, una adecuada ventilación, que promueva la dispersión de las moléculas del agua que se van evaporando, también favorece el proceso.
Hay constancia de la existencia de ciertos tipos de vasijas de arcilla porosa refrigerantes en Egipto, concretamente en la ciudad de Qinã, fabricadas hace más de tres mil años. En la actualidad, entre otros países, se constata su presencia en Burkina Faso, donde algunos recipientes de cerámica que contienen alimentos se sumergen en agua antes de llenarlos, y en la India, donde hay vendedores ambulantes de frutas y bebidas enfriadas en bolsas dentro de contenedores de arcilla humedecida.
El descenso de temperatura que se produce en la vasija interna del frigorífico zeer provoca una ralentización de los procesos bioquímicos de degradación de los alimentos allí guardados, aumentando su duración. Esto es el fundamento, a grandes rasgos, de la refrigeración de los alimentos para su conservación más duradera: cuanto más frío están, más duran, por ser menor su velocidad de degradación.
Este es un hecho bastante universal: la velocidad de las reacciones químicas disminuye al descender la temperatura. Cuantitativamente viene regido, en muchas ocasiones, por la ecuación de Arrhenius, bien conocida por los alumnos de química de bachillerato. La vida de las bacterias (seres vivos unicelulares) que degradan los alimentos se basa, como la de cualquier otro ser vivo, en reacciones químicas que tienen lugar en el interior de las células y, a baja temperatura, se hacen más lentas.
En el Norte de Nigeria, zona donde vivió el profesor Abba, se da un clima semidesértico y se carece prácticamente de suministro eléctrico en las zonas rurales. Por otra parte, el arte de la cerámica es bien conocido allí desde hace siglos, por lo que la preparación de los recipientes del tipo de los diseñados por este profesor no es una técnica ajena a los habitantes del entorno.
En una economía de subsistencia, como es la característica de la zona, dependiente prácticamente en exclusividad de productos agrícolas, muchas niñas dedicaban la mayor parte de su tiempo a la venta diaria de estos productos que, en ese clima tan cálido, duran apenas unos días.
Una vez que el profesor Abba desarrolló su idea, comprobó en la práctica que funcionaba. Así, por ejemplo, observó que las berenjenas, que duran en el clima de la zona del orden de tres días, se mantienen en condiciones aptas para el consumo durante casi un mes en su "frigorífico del desierto". Y los tomates y pimientos duran óptimamente más de tres semanas. Otro cultivo de elevado consumo en la zona, como es un tipo de espinaca, que deja de ser comestible en tiempo caluroso en sólo dos días, pasa a durar cerca de dos semanas en el frigorífico descrito.
Y comprobada la tecnología, el profesor Abba tuvo que hacer un trabajo adicional, no menos complicado: divulgar las bondades de su procedimiento y convencer de ello a sus paisanos. Para ello, y teniendo en cuenta el elevado índice de analfabetismo de la zona, lo difundió, poblado a poblado, con ayuda de una película que proyecta sobre una sábana blanca. Apoyado por familiares con tradición alfarera, fabricó unos centenares de vasijas, que distribuyó para demostrar su utilidad.
Mohammed Bah Abba (1964-2010) mostrando el funcionamiento de su frigorífico (Tomado de Rolex Awards / Tomas Bertelsen)
Aunque no se ha indicado hasta ahora, Abba no era profesor de ciencias, ni tampoco poseía profundos conocimientos al respecto. Tras estudiar Gestión y Administración en la Universidad Ahmadu Bello, en la ciudad de Zaria, ejerció la docencia de estas materias en el Politécnico Público de Jigawa en Dutse, también en Nigeria. Pero poseía, eso sí, creatividad y una inteligencia muy práctica, lo que le permitió aplicar conocimientos científicos básicos, como los mencionados en párrafos anteriores, a la solución de problemas concretos. Sus inquietudes sociales le llevaron también a ser asesor, en su tiempo libre, de programas de desarrollo de Naciones Unidas en Kiyawa, donde organizó diversas actividades para la comunidad, especialmente encaminadas a la promoción social de la mujer.
Su labor no se limitó, pues, a realizar una invención, sino que tuvo que aplicar, en los años siguientes, sus conocimientos de gestión, para difundir su hallazgo.
El mantenimiento es muy económico: un frigorífico zeer, por un módico precio que no llega a un euro, permite refrigerar suficientemente unos doce kilogramos de frutas, verduras y otros alimentos (como la carne) siempre, por supuesto, que se mantenga humedecida la arena presente entre ambos recipientes, a medida que se va evaporando el agua.
Por si todo esto fuera poco, al no necesitar aporte de energía eléctrica, no implica emisiones de dióxido de carbono para su funcionamiento, por lo que promueve un desarrollo sostenible. [4] Y gracias a la necesidad de fabricación de estos recipientes, además, se potencia la industria artesanal alfarera de la zona.
El Profesor Abba era profundamente creyente, y fiel a la doctrina islámica que profesaba, era consciente de que su conocimiento y su esfuerzo no le pertenecían en exclusividad, sino que los consideraba un legado que Dios ponía a su disposición para ayudar a sus semejantes. Probablemente, en algunos momentos de reflexión, relacionó su invento con ciertas partes del Corán, como aquélla donde se indica que Dios hizo descender de las alturas la lluvia (el agua) para producir todos los frutos de los que nos nutrimos. Además, entendía el Islam como una apuesta por la igualdad radical de hombres y mujeres. Por ello, la principal satisfacción que manifestó fue el hecho de que, gracias a su invención, muchas niñas que anteriormente dedicaban casi todo el día a la venta ambulante de productos vegetales perecederos, podían espaciarla, lo que les permitía acudir a la escuela de una forma más regular.
Hasta la fecha, se han distribuido más de cien mil frigoríficos zeer, no ya sólo en el norte de Nigeria, sino también en otros países del entorno. Se está estudiando también el método para otras aplicaciones interesantes; por ejemplo, para conservar viales de insulina para pacientes diabéticos de zonas rurales remotas de Eritrea, donde no hay acceso a la electricidad.
El frigorífico explicado supone, pues, una esperanza para ciertas zonas africanas. No es quizá mucho a nivel global (y por eso se ha difundido parcamente en los medios de comunicación occidentales) pero, a nivel local, parece que permite mejorar el nivel de vida de miles de personas, y eso no es poco. Es un ejemplo más de que, gracias al conocimiento científico, en este caso de propiedades fisicoquímicas básicas, y al tesón de seres humanos emprendedores, puede cambiarse el presente, propiciando un futuro mejor. Es una lección siempre importante, pero quizá aún más en tiempos de crisis.
[1] Para comprender el enfriamiento que se produce por la evaporación del agua, se sugiere el ejemplo donde se compara el "mecanismo" del enfriamiento de un botijo con el juguete científico conocido como "pájaro bebedor", expuesto en un trabajo anterior citado en la bibliografía. En dicho trabajo, titulado "Aprendamos física experimentando con una sustancia mágica: ¡El agua!", se aportan más referencias al respecto.
[2] La etimología de los minerales, como el de los compuestos químicos, los elementos, y otros múltiples conceptos científicos, es un campo apasionante. Además, puede utilizarse a nivel didáctico para atraer la curiosidad de los alumnos. En este caso, simplemente se indicará que el nombre de montmorillonita alude a la localidad francesa de Montmorillon. Otra localidad francesa, Les Baux-de-Provence, da nombre a la bauxita, un mineral de gran interés práctico porque permite la obtención del aluminio metálico. Así, es fácil pensar que el mineral aragonito se refiere a alguna población aragonesa. No es así, pero casi: se debe a Molina de Aragón (Guadalajara, Castilla-La Mancha).
[3] Los profesores Martínez de Azagra y del Río, de la Universidad de Valladolid, realizaron un interesante trabajo, recogido en la bibliografía, sobre la influencia del clima en la utilidad refrigeradora de los botijos.
[4] A diferencia de los frigoríficos convencionales en los que normalmente la energía procede, en buena parte, de centrales térmicas.
BIBLIOGRAFÍA:
– J. I. Zubizarreta, G. Pinto, "An ancient method for cooling water explained by means of mass and heat transfer", Chemical Engineering Education, 29, 96-99 (1995).
– E. Ibrahim, L. Shao, S. B. Riffat, "Performance of porous ceramic evaporators for building cooling applications", Energy and Buildings, 35, 941-949 (2003).
– J. Viegas (ed.), The laws of thermodynamics: an anthology of current thought, pp. 112-120, Rosen Publishing Group, New York (2006).
– F. Bergaya, G. Lagaly, "Chapter 1 General introduction: Clays, clay minerals, and clay science", Developments in Clay Science, 1, 1-18 (2006).
– A. Martínez de Azagra, J. del Río, "World map of potential areas for the use of water cooling pitchers (botijos)", Journal of Maps, 11, 240-244 (2015).
– G. Pinto, V. M. Díaz, M. Martín, P. Lahuerta, M. T. Martín, F. Sotres, I. Paz, "Aprendamos física experimentando con una sustancia mágica: ¡El agua!", Sección de Experimentos de Ciencia en Acción ( http://cienciaenaccion.org/ ): http://www.bit.ly/1PDyc11
Un barco que empezará a navegar este verano podrá recoger en cada misión unas dos toneladas de basura que puede ser reciclada en tierra.
El catamarán con el que Günther Bonin, un pionero ecologista alemán y experto en informática de 60 años, desea poner en marcha una envidiable e inédita campaña para limpiar los mares de la basura plástica, será botado al mar en el verano de este año. Mide 12 metros de largo por ocho de ancho, es desplegable y ya ha sido bautizado con un nombre apropiado para la función que debe desempeñar en el futuro: “Seekuh”, que en español podría traducirse como “Vaca marina”.
La primera y crucial tarea de la embarcación cuando comience a navegar frente a las costas del Mar Báltico germano será demostrar que una embarcación de ese tipo puede servir de ejemplo para iniciar la descomunal tarea de limpiar los mares de la basura plástica. Gracias a su diseño, el catamarán podrá recoger en cada misión unas dos toneladas de basura que puede ser reciclada en tierra.
“Con el catamarán Seekuh queremos demostrar que se puede hacer algo para limpiar los mares y los ríos de basura plástica. Nuestra embarcación no acabará con el problema de la contaminación, pero es una pequeña solución y también un gran paso hacia adelante”, dice Bonin, durante una entrevista telefónica con EL PAÍS. “El Seekuh es un catamarán desplegable que puede ser transportado en un contenedor para llevarlo a cualquier parte donde se le necesite. La embarcación debe viajar mucho para demostrar que funciona”.
El diseño del catamarán, ideado por Bonin y el ingeniero Dirk Lindenau, está formado por ocho módulos separables, y contempla la instalación, entre los dos cascos de acero de 12 metros de largo, de una red movible que tendrá la misión de pescar la basura plástica. A causa del tamaño de las redes, el catamarán solo podrá ser utilizado en aguas cuya profundidad no exceda los cuatro metros.
A causa del tamaño de las redes, el catamarán solo podrá ser utilizado en aguas cuya profundidad no exceda los cuatro metros.
La construcción del catamarán, que también contará con un laboratorio a bordo y espacio para buceadores, tiene un costo de 250.000 euros y en parte fue financiado por donadores privados, la fundación Röchling y Telekom. Si el prototipo demuestra que funciona, Bonin no descarta la idea de aceptar ofertas para construir nuevas embarcaciones y ya está trabajando en el diseño de un nuevo proyecto: el See-elegant (Elefante marítimo), que podrá convertir la basura plástica en energía que le ayudara a navegar.
Cuando el Seekuh comience a navegar en las aguas del Mar Báltico, Günther Bonin habrá hecho realidad una visión que tuvo en abril de 2009, cuando navegaba como patrón a bordo de un yate de lujo entre Vancouver y San Diego. En medio de la travesía y a cien millas náuticas de la costa, la naturaleza le ofreció un espectáculo magnifico y, al mismo tiempo, aterrador: vio como una familia de ballenas y sus crías nadaban a través de una isla flotante de basura plástica.
“Cuando vi a las ballenas nadar entre la basura me dije que había que hacer algo para combatir la contaminación en el mar,” contó Bonin, quien es también un veterano y experimentado velista. “En ese momento algo me hizo ‘click’ en la cabeza y me propuse hacer algo para intentar eliminar esa basura de los mares”.
La maqueta en 3D del 'Seekuh', con las redes en el centro.
Bonin tardó tres años en madurar su idea y en 2011 dio vida a la organización One Earth One Ocean cuyo objetivo, según se puede leer en su página web es “liberar a la tierra de los residuos plásticos”. Según la organización que dirige Bonin, en la actualidad existen cinco islas gigantes de residuos plásticos flotando sobre los mares. La isla más grande de residuos flota sobre el océano pacifico y es tan grande como Europa central.
“Cada año llegan al mar unas 10 toneladas de basura plástica”, dijo el ecologista al resumir el desafío que tiene por delante su organización y también los catamaranes que puedan ser construidos en los astilleros de Lübeck en el futuro. “Y por cada tonelada de plástico que se recicle se puede obtener entre 800 y 900 litros de petróleo sin azufre”.
La cruzada iniciada por Bonin fue recompensada en 2013 cuando su organización recibió el premio GreenTec, en la categoría Economía y Medio Ambiente, la mayor distinción que se otorga en Europa para premiar una labor en defensa del Medio Ambiente. El premio le sirvió para difundir su cruzada y le ayudó para poner en macha otro proyecto ambicioso en Africa destinado a limpiar los restos de petróleo que flotan en el delta del rio Níger en Nigeria.
En junio de 2015, un equipo de 10 personas mostró a las autoridades del país que la limpieza del delta era posible gracias a la ayuda de un algodón hidrófilo capaz de absorber petróleo.
La cruzada de Günther Bonin recién ha comenzado, pero el ecologista tiene un problema práctico que depende de las leyes del mercado. A pesar de la fama y éxito que ha cosechado, su organización necesita dinero y todavía los grandes donantes no parecen dispuestos a financiar un trabajo que podría evitar una pequeña catástrofe en el futuro.
“Todo el mundo sabe que la contaminación de los mares es un gran problema, pero todavía ese problema no ha echado raíces en la mentalidad empresarial”, dijo Bonin. “Espero que algo cambie en el futuro, porque el problema es enorme”.ARCHIVADO EN:
En 2050, las emisiones mundiales de GEI deben caer aproximadamente a un 80% de los niveles actuales “El acuerdo de París es histórico en los esfuerzos contra los problemas del clima” Para conseguir grandes reducciones de emisiones se necesita una amplia cartera de políticas.
La Cumbre del Clima celebrada en París ha conseguido un acuerdo histórico en los esfuerzos por atajar el urgente y creciente problema del cambio climático. Existe un fuerte consenso entre la comunidad científica en que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) producirán un peligroso calentamiento atmosférico en las próximas décadas. La ciencia muestra que se necesitan grandes reducciones en las emisiones de GEI de origen humano para limitar el ascenso de la temperatura y evitar sus peligrosos efectos.
¿Cuánto hay que reducir dichas emisiones? ¡Mucho! En 2050 las emisiones mundiales de GEI deben caer aproximadamente a un 50% o un 80% de los niveles actuales, según recientes estudios del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).
El principal gas de efecto invernadero es el dióxido de carbono, que se libera sobre todo por combustión de carburantes fósiles. Actualmente alrededor del 85% de la energía del planeta procede de combustibles fósiles en forma de petróleo (empleado básicamente para transportes), carbón (utilizado ampliamente en la generación de electricidad) y gas natural (usado para calentar en aplicaciones domésticas, comerciales e industriales, y cada vez más para la generación de energía eléctrica).
Para alcanzar el objetivo de reducción de emisiones será preciso introducir un cambio tecnológico masivo. En el sector energético significa sustituir combustibles fósiles como el carbón o el petróleo por energías con una huella de carbono igual o inferior a cero, como el gas natural, la nuclear o las renovables, incluyendo biomasa, eólica y solar, junto con las tecnologías para la captura y secuestro del CO2 procedente de grandes fuentes industriales. También se necesita un cambio tecnológico que mejore la eficiencia de los usos energéticos en edificios, transportes, agricultura e industria, reduciendo al mínimo estos combustibles en la producción de bienes y servicios. La tecnología también puede contribuir a reducir la demanda general de energía, manteniendo el desarrollo económico.
Hoy disponemos de la tecnología para llevar a cabo todas estas actividades. No obstante, para conseguir reducir las emisiones necesitaremos tecnologías que aún no se han desarrollado o implementado a una escala significativa, o que todavía no hemos inventado. En muchos casos también se necesitarán innovaciones en sistemas sociales e institucionales que influyen en la demanda energética y en las emisiones.
Un cambio tecnológico de la escala requerida no se consigue en un día. Las políticas pueden influir enormemente en el ritmo de difusión en el mercado de tecnologías con bajos niveles de carbono. En ausencia de mandatos o incentivos gubernamentales, son pocos, de haberlos, los mercados para las nuevas tecnologías cuyo único fin es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, o que son más limpias pero más caras que las opciones actuales.
Así pues, para conseguir grandes reducciones de emisiones se necesita una amplia cartera de políticas, no solo para fomentar la innovación tecnológica, sino también para su posterior adopción. También serán necesarios otros tipos de innovación tecnológica para adaptarse a los cambios climáticos que ya se están produciendo, incluyendo las áreas costeras vulnerables a las tormentas y a la subida del nivel de las aguas, así como las cosechas, vulnerables a la sequía.
Hasta ahora la mayor parte de las actuaciones gubernamentales para reducir las emisiones han sido incentivos voluntarios para la innovación e implementación de tecnologías con baja huella de carbono, respaldando programas de I+D, desgravaciones fiscales, avales para préstamos y otras medidas como las tarifas reguladas. Aunque estas zanahorias han estimulado tecnologías como la eólica y la solar, por sí solas no son adecuadas para hacer frente al desafío.
La cartera de políticas destinadas a promover la innovación debe incluir herramientas que directa o indirectamente limiten las emisiones de GEI. Algunos ejemplos son los mecanismos basados en el mercado, como los programas cap-and-trade (sistema de límite y comercio de emisiones) o las tasas sobre las emisiones, junto a políticas como los estándares de rendimiento de las tecnologías. Se debe apoyar igualmente la difusión del conocimiento, por ejemplo, a través del soporte financiero a la educación y la formación.
Aunque la I+D sola no es suficiente para conseguir un cambio tecnológico generalizado, sigue siendo un elemento crítico para promover innovaciones que reduzcan las emisiones. Se necesita un sustancial incremento de las ayudas gubernamentales para la I+D energética y también es necesario que aumente la ayuda del sector privado a la I+D, especialmente en los sectores relacionados con la energía. Una vez más, las políticas gubernamentales juegan un papel vital estableciendo los requisitos y las señales necesarias para que el sector privado pueda justificar sus inversiones en I+D.
Reducir las emisiones requerirá un número mayor de trabajadores especializados, sobre todo técnicos y científicos, pero también de ciencias sociales. Al fin y a la postre, es la gente la que innova. Tanto el sector público como el privado tienen un importante papel que jugar, atrayendo y reteniendo a los mayores talentos del mundo para que estudien los desafíos e inventen nuevas formas de mitigar el cambio climático global.
Cinco Días
CATEDRÁTICO DE INGENIERÍA Y POLÍTICA PÚBLICA EN LA UNIVERSIDAD CARNEGIE MELLON Y JURADO DE LOS PREMIOS FUNDACIÓN BBVA FRONTERAS DEL CONOCIMIENTO EN CAMBIO CLIMÁTICO