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martes, 1 de diciembre de 2015
lunes, 16 de noviembre de 2015
La IEA (Agencia Internacional de la Energía) afirma que el valor real de la inversión en eficiencia energética se pasa por alto en las políticas
Recientemente, la IEA publicó un nuevo informe sobre los múltiples beneficios de la eficiencia energética para ayudar a los responsables políticos y las partes interesadas a integrar mejor la multitud de beneficios secundarios de la eficiencia energética en la planificación estratégica. Esta integración ayudará a maximizar los resultados positivos de ambas políticas e inversiones públicas, así como en el sector privado. El trabajo realizado por la IEA se basa en una revisión exhaustiva de las evidencias y las contribuciones de más de 300 expertos internacionales que han participado en el proceso de investigación y consulta existente. Algunos de los mensajes importantes que he tomado de la obra son:
El valor real de la inversión en eficiencia energética a menudo se pasa por alto en la formulación de políticas
La gran mayoría de las inversiones económicamente viables en eficiencia energética permanecerá sin explotar con las políticas existentes
Desarrollo Macroeconómico: a gran escala de la política de eficiencia energética en general tiene un impacto positivo en el PIB, que aumenta con el 0,25% hasta el 1,1% anual
Presupuesto público: La gama completa de beneficios económicos de la eficiencia energética se determina raras veces, a pesar de que la mayoría de los gobiernos han desarrollado metodologías para estimar los costos y beneficios - el valor real de los beneficios en el gasto público es dos o tres veces mayor que el valor calculado.
Salud y bienestar: La lista de beneficios potenciales para la salud y el bienestar vinculados a mejoras en la eficiencia energética es extensa (la mejora de la calidad térmica de los edificios y la reducción de la contaminación del aire son algunas de las áreas clave para mejorar la salud y el bienestar). Varias evaluaciones han encontrado relación costos-beneficios de hasta 4 a 1, con beneficios para la salud que representa hasta el 75% de los beneficios totales. Sin embargo, esta es un área donde se necesita más trabajo.
Mientras que el estudio de la IEA tiene un enfoque global, el lanzamiento del estudio también es muy oportuno en relación con el actual debate europeo sobre un objetivo de ahorro de energía para 2030. Aquí la Comisión de la UE demuestra claramente el problema que la IEA ha abordado, a saber, que el valor real de la inversión en eficiencia energética es una realidad que se pasa por alto de forma sistemática en las políticas. En su comunicación del 23 de julio, la Comisión de la UE ignoró por completo un estudio clave del Fraunhofer, que demuestra que Europa podría reducir su consumo energético de forma rentable en un 40% en 2030. La Comisión propuso en cambio un objetivo de ahorro de energía de sólo el 30% para 2030. El estudio de Fraunhofer incluso fue contratado por la propia Comisión, para apoyar el trabajo de evaluación de impactos de su Comunicación en Eficiencia Energética. Ya que nuestros políticos a nivel europeo y nacional ahora están preparando el marco de trabajo para la próxima década, es cada vez más y más urgente que comprendan y tengan en cuenta el valor real para los individuos, así como para los gobiernos y el sector público, de la inversión en eficiencia energética como recurso clave para el desarrollo económico y social.
Por lo tanto, espero que los países miembros de la IEA entiendan y actúen a partir del mensaje de la IEA antes de que muchos de estos mismos países se pronuncien sobre los objetivos de ahorro energético futuros de la Unión Europea en octubre.
Personalmente me sentiría más cómoda con una política diseñada para estar más en el lado seguro que en el lado “lo sentimos” en el futuro.
Artículo publicado por Susanne Dyrboel en www.safeandsustainablebuildings.com
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lunes, 26 de octubre de 2015
INTRODUCCIÓN AL CONCEPTO DE DESARROLLO
El desarrollo es un concepto histórico que ha ido evolucionando, por lo que no tiene una definición única. Aun así, se puede decir que desarrollar es el proceso por el cual una comunidad progresa y crece económica, social, cultural o políticamente.
Desde sus inicios, las teorías relacionadas con el desarrollo se interesaron por los procesos de enriquecimiento material, es decir, por el incremento del volumen de producción de bienes y servicios. Estas teorías economicistas entendían que el medio para alcanzar el desarrollo era la acumulación de capital físico. Se defendía que un aumento del producto interior bruto per capita reduciría la pobreza e incrementaría el bienestar de la población. Esta premisa se basaba en que, a más producción, más renta, y, a más renta, mayor bienestar económico. Es decir, que el desarrollo estaba directamente relacionado con el crecimiento económico, tanto de los países como de las personas. Como apunta Keith Griffin en su ensayo “Desarrollo humano: origen, evolución e impacto”, el crecimiento se convertía no sólo en el medio para alcanzar el desarrollo, sino en el fin del desarrollo mismo.
Esta idea del desarrollo no sólo influía en la forma en que se entendía el concepto, sino que también afectaba a la hora de medir el fenómeno. Durante la década de 1970 varios autores y economistas de instituciones destacadas como el Banco Mundial o la Organización Internacional del Trabajo reconocieron que el aumento de la producción no era suficiente por sí solo para reducir la pobreza y alcanzar el desarrollo.
Durante los años setenta, gracias a autores como Amartya Sen o T.W. Schultz, el concepto de desarrollo pasó a entenderse como un proceso de ampliación de las “capacidades de las personas”, más que como un aumento simplemente económico. Se amplió la visión y se dejó de hablar únicamente del desarrollo ligado a la acumulación de capital físico, para pasar a considerar el capital humano (educación, investigación y desarrollo…). Los estudios empíricos han demostrado que, efectivamente, el gasto en capital humano produce rendimientos económicos mayores que la inversión en capital físico.
Según Keith Griffin, bajo esa nueva concepción, se entendió que el objetivo del desarrollo no tenía que ser incrementar el PIB de una región, sino propiciar que la gente “dispusiera de una gama mayor de opciones, que pudiera hacer más cosas”, esto es, tener una vida más larga, librarse de enfermedades, tener acceso al conocimiento… Además de todo esto, Griffin apunta algo que más adelante comentaremos, y es que “un aumento en el suministro de artículos de consumo puede contribuir a aumentar las capacidades humanas”.
En su ensayo “Teorías del desarrollo a principios del siglo XXI”, el propio Amartya Sen defiende sus ideas sobre el concepto y hace un repaso de varios ejemplos que demuestran que, para favorecer el desarrollo de una sociedad, la solución no la tiene la economía de mercado ni la economía planificada, sino que el secreto del desarrollo está en una combinación de las dos. Sen asegura que todas las economías del mundo son mixtas, y que delegar en manos del mercado o del Estado el objetivo del desarrollo no favorece a la sociedad. El desarrollo depende de ambos elementos combinados.
Durante la década de 1980, gracias a la mala experiencia de las crisis en América Latina y África (que se intentaron superar mediante duros planes de ajustes), gran parte de la comunidad intelectual y académica consiguió convencer a instituciones internacionales de la importancia de la dimensión social y humana en los planes económicos. UNICEF se puso al frente de estas reivindicaciones con el enfoque “ajuste con rostro humano”. En contra de la ortodoxia tradicional y de la corriente de pensamiento establecida sobre el desarrollo, las nuevas voces fueron encontrando huecos en la Mesa Redonda Norte-Sur, fudanda en 1977, o el Comité de Naciones Unidas para la Planificación del Desarrollo, que en 1988 incluyó en su informe los costes humanos de los ajustes estructurales. La idea era sencilla pero suponía un profundo cambio en la concepción de términos como desarrollo o crecimiento, era una idea que decía simplemente: primero las personas.
El concepto desarrollo humano se estableció definitivamente en 1989, con la llegada al PNUD del economista pakistaní Mahbub ul Haq. A partir del año 1990, el PNUD comenzó a publicar anualmente un Informe sobre Desarrollo Humano. Estos informes anuales han servido de plataforma de divulgación y han conseguido convertir al desarrollo humano en un referente obligado del debate actual sobre el desarrollo.
El enfoque del desarrollo humano cuestiona que exista una relación directa entre el aumento de los ingresos y la ampliación de las operaciones que se ofrecen a las personas. No basta con analizar la cantidad, es más importante tener en cuenta la calidad de ese crecimiento. Por eso, el desarrollo humano no es que muestre desinterés por el crecimiento económico, sino que enfatiza la necesidad de que ese crecimiento debe evaluarse en función de que consiga o no que las personas puedan realizarse cada vez mejor. Al cambiar la óptica son la que se estudia el desarrollo, la preocupación principal es que se establezcan relaciones positivas entre el crecimiento económico y las opciones de las personas.
Aun así, Amartya Sen recuerda que “si en última instancia considerásemos al desarrollo como la ampliación de la capacidad de la población para realizar actividades elegidas (libremente) y valoradas, sería del todo inapropiado ensalzar a los seres humanos como instrumentos del desarrollo económico.” Es una puntualización muy interesante, porque, tal y como argumenta Sen, se tiende a interpretar el concepto “capital humano” como la generación de ingresos. Volvemos de nuevo a utilizar términos estrictamente economicistas para cuantificar el desarrollo.
Ayuda al Desarrollo y sociedad de consumo
Hoy en día, tras varias décadas de debate académico e institucional, la comunidad internacional ha comprendido que el desarrollo es un derecho humano (Declaración sobre el Derecho al Desarrollo). Por ello, los Estados se ven obligados a respetar ese derecho y a actuar por preservarlo.
El debate sobre el desarrollo está impregnado con la realidad global, que se puede resumir en la dinámica Centro-Periferia o Norte-Sur. Esta división del mundo diferencia entre una serie de países desarrollados y otros que no lo están tanto (están en proceso de desarrollo o, directamente, subdesarrollados). Con respecto a los países del Tercer Mundo, la mayoría de las veces el desarrollo no se entiende como algo que los propios países del Sur tengan que conseguir por sus medios, sino como algo que los países del Norte han de proveerles. Se habla de Ayuda al Desarrollo o de “cooperación internacional para el desarrollo” para ayudar a los países de la Periferia. Habría que preguntarse si esta cooperación se hace porque existe una verdadera voluntad de que los países menos desarrollados progresen, porque hay una sensación de remordimiento, o porque hay un interés en que la Periferia se desarrolle.
ARTÍCULO RELACIONADO: Cooperación por remordimiento (Fernando Arancón, Diciembre 2013)
Mientras que en el Sur se habla de desarrollo, en Occidente se habla de crecimiento. Una de las amenazas que existen en este sentido es que la Ayuda al Desarrollo que se presta desde el Norte hacia el Sur sea un mecanismo para implantar modelos de crecimiento occidentales en países que, por razones históricas, nada tienen que ver con el desarrollo de países como Francia, Reino Unido, Estados Unidos o Japón. Parafraseando al profesor Vicenç Navarro, “cada país tiene que buscar sus propias vías de desarrollo”.
Es necesario ayudar a aquéllos países que lo precisen en materia de desarrollo humano, pero en lo que concierne al desarrollo económico la ayuda occidental puede entenderse como un ejercicio de intromisión. No puede disfrazarse como ayuda desinteresada lo que en realidad es un proceso de influencia de empresas extranjeras. Lo hemos visto durante 1980 y 1990 en Latinoamérica con la presencia de Estados Unidos y lo vemos hoy en día con el desembarco nada disimulado de China en África. Cuando una empresa china construye las infraestructuras más importantes de un país no sólo está haciendo un bonito gesto para ayudar al progreso de ese país, sino que está adquiriendo un poder mayor que el del propio Gobierno.
ARTÍCULO RELACIONADO: China y África (Juan Pérez Ventura, Octubre 2012)
En ese sentido, el debate sobre la ayuda al desarrollo está muy abierto. También podemos entrar a valorar fenómenos como la occidentalización, que pretende llevar el modelo de desarrollo occidental a todos los rincones del mundo. Una de las características de ese modelo occidental es que se ha basado en una producción masiva que ha fomentado la llamada sociedad de consumo. Como hemos dicho antes, Keith Griffin señala que “un aumento en el suministro de artículos de consumo puede contribuir a aumentar las capacidades humanas”, una frase en la que subyace una idea peligrosa.
La promoción del consumo no sólo se da desde los escaparates de las tiendas, también se puede hacer realizando informes para la ONU o el Banco Mundial. Relacionar desarrollo con consumo es algo que muchos economistas y autores han hecho para asegurar la expansión de un modelo económico determinado, pero es un grave error. La realidad demuestra que un aumento del consumo no significa necesariamente un mayor desarrollo.
ARTÍCULO RELACIONADO: La sociedad de consumo (Juan Pérez Ventura, Noviembre 2013)
Quizás sí que sea cierto que un mayor nivel de consumo está ligado con un mayor nivel de vida pero, ¿significa eso que aumente también la calidad de vida? Como hemos apuntado al principio, el desarrollo busca mejorar el bienestar de las personas, ¿a caso el consumismo fomenta ese bienestar? Llegados a este punto cabría reflexionar sobre la raíz del debate: ¿qué es el desarrollo? ¿cómo se mide? Si el grado de desarrollo depende, entre otras cosas, de las posibilidades de consumo que tienen las personas, seguramente República Dominicana sea un país subdesarrollado en comparación con Corea del Sur. En cambio, los habitantes dominicanos son más felices que los coreanos (Índice Planeta Felíz), conviven mejor con el medio ambiente (Huella Ecológica) y tienen una tasa de suicidios mucho menor que en Corea. Todo depende de qué parámetros utilicemos para medir el grado de desarrollo.
Por otro lado, condicionar el desarrollo al consumo es irresponsable porque los niveles de consumo actuales no son sostenibles en el tiempo y amenazan al medio ambiente.
La importancia del lenguaje
En cuanto al desarrollo humano y la importancia que ha adquirido en la agenda internacional, estamos ante un ejemplo más de cómo los poderes económicos y políticos se apropian de un término socialmente bien recibido para esconder tras él sus intereses. Si bien es cierto que hasta 1970 no hubo problema para los gobiernos y empresas en defender sin tapujos el crecimiento económico como sinónimo de desarrollo, con la adopción de conciencia crítica y voluntad de cambio por parte de la sociedad y de parte de la comunidad académica, se tuvo que aceptar que esa relación economicista no podía sostenerse. A partir de entonces, se habló de desarrollo humano y de la importancia del capital humano sobre el capital físico. Esa importancia que, sobre el papel, se dio a las personas, no ha conseguido cambiar la realidad. Hay muchos informes, documentos, manifiestos y escritos que defienden una economía más humana y un desarrollo mejor (sostenible, de rostro humano…), pero en el mundo actual el modelo de desarrollo predominante sigue basándose en un crecimiento económico que, por definición, es insostenible y que, además, es manifiestamente injusto socialmente.
La única diferencia entre los modelos de antes de 1970 y del S.XXI es en la forma. En el fondo sigue siendo una concepción muy economicista del desarrollo. La forma ha cambiado: ahora se nos vende con etiquetas amigables como “desarrollo humano”. No es cuestión de desprestigiar la gran labor de instituciones internacionales y de organizaciones no gubernamentales en la lucha real por un desarrollo mejor, pero sí es necesario criticar la apropiación de términos como “humano” o “sostenible” para seguir haciendo las mismas cosas bajo un envoltorio más atractivo.
Aunque la corriente mainstream corrobora esta crítica, sí es cierto que existen proyectos para promover un desarrollo diferente. Las teorías del decrecimiento, la “economía del bien común” y otras fórmulas de desarrollo plantean alternativas frente a la concepción tradicional y mayoritaria. Es importante tener en cuenta a las personas, en un mundo en el que lo que más importa es el capital.
Podemos finalizar esta reflexión con las ideas del propio Amartya Sen: el simple hecho de considerar importante el capital humano no significa per se un cambio en la forma de proceder, puesto que se puede considerar el capital humano como un simple mecanismo para generar ingresos. Es decir, aunque añadamos conceptos humanistas, podemos estar utilizándolos para justificar actuaciones economicistas.
El desarrollo ha de desligarse de la economía tal y como la entendemos actualmente. El desarrollo (humano, ambiental, social) no es ajeno al modelo económico, pero el modelo económico actual es incompatible con un desarrollo que realmente beneficie a las personas y al medio ambiente.
lunes, 30 de junio de 2014
Más eficiencia energética y energías renovables reducirían las importaciones europeas de energía un 45%
El informe Hoja de ruta energética para Europa: hacia un suministro independiente y sostenible demuestra que el planteamiento de la Comisión es totalmente inadecuado.
Mientras los líderes europeos se disponen a debatir medidas para mejorar la seguridad energética de la Unión Europea este jueves y viernes en Bruselas, un informe de Greenpeace publicado hoy deja en grave entredicho los planes de la Comisión Europea para acabar con la dependencia energética del exterior.
El informe Hoja de ruta energética para Europa: hacia un suministro independiente y sostenible demuestra que el planteamiento de la Comisión es totalmente inadecuado. La organización concluye que unos objetivos ambiciosos y vinculantes en energías renovables y eficiencia energética podrían reducir la importación de energía en un 45% más para 2030 que si los Estados miembros se limitan a los propuestos por la Comisión Europea.
Durante el Consejo Europeo que comienza mañana, los líderes de los Veintiocho deben examinar las propuestas de la Comisión de un plan de seguridad energética para Europa y una propuesta de objetivos climáticos y energéticos. La Comisión propone los siguientes objetivos para 2030:
- una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en un 40%
- alcanzar una cuota de energías renovables del 27%.
Sin embargo, el minucioso informe de Greenpeace deja claro que la Unión Europea perderá una gran oportunidad para avanzar de verdad hacia su independencia energética si se limita a esos objetivos. El documento, redactado con la colaboración de expertos externos a la organización ecologista, demuestra que un mayor compromiso climático equivale a una mejora macroeconómica y de creación de empleo. Las principales metas que propone Greenpeace para conseguirlo son:
- alcanzar una cuota de renovables en el mercado energético del 45% para 2030
- un 40% de ahorro energético (en comparación con 2005)
- un 55% de reducción de emisiones de GEI (en comparación con 1990).
Esto representaría una reducción del 35% en las importaciones de gas y un recorte del 45% en las importaciones de petróleo más que el propuesto por la Comisión. Además, la necesidad de importaciones de carbón cesarían por completo antes del final de la próxima década.
"Cada euro gastado en las energías renovables es una inversión en la seguridad del suministro y la seguridad en el empleo. Una combinación de las energías renovables y el aumento de la eficiencia energética no sólo es buena para el clima, también es la mejor receta para mejorar la seguridad energética de la UE. La dependencia de Europa de los combustibles fósiles y las importaciones costosas e inseguras son dos caras de una misma moneda", ha declarado Sven Teske, experto en energía de Greenpeace y autor principal del informe publicado hoy.
La Comisión ha anunciado ya que ahora está considerando un objetivo de eficiencia energética para 2030. Un análisis recientemente filtrado, realizado por la Comisión, confirma que unas políticas ambiciosas en materia de eficiencia energética podrían reducir las importaciones de energía de manera significativa a la vez que generaría amplios beneficios económicos [1]. En una carta enviada a la Comisión la semana pasada, los ministros de Alemania, Dinamarca, Bélgica, Portugal, Grecia, Irlanda y Luxemburgo, también pidieron a la Comisión que proponga un objetivo de eficiencia energética 2030 ambicioso y vinculante durante este mes de julio [2]. Llama la atención la ausencia del Gobierno de España en esta petición, especialmente si se tiene en cuenta que España depende energéticamente en un 86,2% [3] del exterior.
"Por fin los líderes de la UE tienen la oportunidad de avanzar en el desarrollo de un plan de seguridad energético real para Europa. Aunque apostar por las renovables y la eficiencia energética parece un paso lógico para lograr esta seguridad, países como España no demandan objetivos ambiciosos y vinculantes por países para Europa. El Gobierno debería aclarar por qué", asegura Marina Bevacqua, responsable de Energía y Cambio Climático de Greenpeace. "No es ningún secreto que las grandes compañías energéticas alimentan la dependencia de Europa de las importaciones de energía y presionan a los gobiernos. Es hora de que los líderes de la UE no cedan ante la presión de esas grandes compañías", ha afirmado Bevacqua.
Hasta ahora la UE ha tratado la seguridad energética y los problemas relacionados con el clima como dos asuntos distintos. El informe de Greenpeace deja claro que no se pueden separar ambas problemáticas, pues los objetivos para 2030 ofrecen el potencial de reducir drásticamente las importaciones de combustibles fósiles traídos desde Rusia y otros lugares.
Notas:
[1] EnergyDesk, Why does energy efficiency matter for European energy security?, 18 de junio de 2014
[2] Carta de siete gobiernos europeos pidiendo objetivos vinculantes para 2030, 18 de junio de 2014
[3] Cátedra BP de Energía y Sostenibilidad. Universidad Pontificia de Comillas. Observatorio de Energía y Sostenibilidad en España. Edición 2013.
El informe Hoja de ruta energética para Europa: hacia un suministro independiente y sostenible demuestra que el planteamiento de la Comisión es totalmente inadecuado. La organización concluye que unos objetivos ambiciosos y vinculantes en energías renovables y eficiencia energética podrían reducir la importación de energía en un 45% más para 2030 que si los Estados miembros se limitan a los propuestos por la Comisión Europea.
Durante el Consejo Europeo que comienza mañana, los líderes de los Veintiocho deben examinar las propuestas de la Comisión de un plan de seguridad energética para Europa y una propuesta de objetivos climáticos y energéticos. La Comisión propone los siguientes objetivos para 2030:
- una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en un 40%
- alcanzar una cuota de energías renovables del 27%.
Sin embargo, el minucioso informe de Greenpeace deja claro que la Unión Europea perderá una gran oportunidad para avanzar de verdad hacia su independencia energética si se limita a esos objetivos. El documento, redactado con la colaboración de expertos externos a la organización ecologista, demuestra que un mayor compromiso climático equivale a una mejora macroeconómica y de creación de empleo. Las principales metas que propone Greenpeace para conseguirlo son:
- alcanzar una cuota de renovables en el mercado energético del 45% para 2030
- un 40% de ahorro energético (en comparación con 2005)
- un 55% de reducción de emisiones de GEI (en comparación con 1990).
Esto representaría una reducción del 35% en las importaciones de gas y un recorte del 45% en las importaciones de petróleo más que el propuesto por la Comisión. Además, la necesidad de importaciones de carbón cesarían por completo antes del final de la próxima década.
"Cada euro gastado en las energías renovables es una inversión en la seguridad del suministro y la seguridad en el empleo. Una combinación de las energías renovables y el aumento de la eficiencia energética no sólo es buena para el clima, también es la mejor receta para mejorar la seguridad energética de la UE. La dependencia de Europa de los combustibles fósiles y las importaciones costosas e inseguras son dos caras de una misma moneda", ha declarado Sven Teske, experto en energía de Greenpeace y autor principal del informe publicado hoy.
La Comisión ha anunciado ya que ahora está considerando un objetivo de eficiencia energética para 2030. Un análisis recientemente filtrado, realizado por la Comisión, confirma que unas políticas ambiciosas en materia de eficiencia energética podrían reducir las importaciones de energía de manera significativa a la vez que generaría amplios beneficios económicos [1]. En una carta enviada a la Comisión la semana pasada, los ministros de Alemania, Dinamarca, Bélgica, Portugal, Grecia, Irlanda y Luxemburgo, también pidieron a la Comisión que proponga un objetivo de eficiencia energética 2030 ambicioso y vinculante durante este mes de julio [2]. Llama la atención la ausencia del Gobierno de España en esta petición, especialmente si se tiene en cuenta que España depende energéticamente en un 86,2% [3] del exterior.
"Por fin los líderes de la UE tienen la oportunidad de avanzar en el desarrollo de un plan de seguridad energético real para Europa. Aunque apostar por las renovables y la eficiencia energética parece un paso lógico para lograr esta seguridad, países como España no demandan objetivos ambiciosos y vinculantes por países para Europa. El Gobierno debería aclarar por qué", asegura Marina Bevacqua, responsable de Energía y Cambio Climático de Greenpeace. "No es ningún secreto que las grandes compañías energéticas alimentan la dependencia de Europa de las importaciones de energía y presionan a los gobiernos. Es hora de que los líderes de la UE no cedan ante la presión de esas grandes compañías", ha afirmado Bevacqua.
Hasta ahora la UE ha tratado la seguridad energética y los problemas relacionados con el clima como dos asuntos distintos. El informe de Greenpeace deja claro que no se pueden separar ambas problemáticas, pues los objetivos para 2030 ofrecen el potencial de reducir drásticamente las importaciones de combustibles fósiles traídos desde Rusia y otros lugares.
Notas:
[1] EnergyDesk, Why does energy efficiency matter for European energy security?, 18 de junio de 2014
[2] Carta de siete gobiernos europeos pidiendo objetivos vinculantes para 2030, 18 de junio de 2014
[3] Cátedra BP de Energía y Sostenibilidad. Universidad Pontificia de Comillas. Observatorio de Energía y Sostenibilidad en España. Edición 2013.
martes, 25 de febrero de 2014
Lo que siempre quiso saber sobre las energías renovables y el Gobierno ‘nunca’ le explicará
Hay varios motivos para este mejor comportamiento de España: el menor consumo energético por el elevado precio de los combustibles fósiles y la crisis económica, y el auge de las renovables.
El consumo de energía primaria de la UE ha disminuido un 8% entre 2006 y 2012, según datos difundidos a través de Eurostat sobre el consumo de energía en los 28 estados miembros. En el caso de España esta reducción es mayor: casi del 12%.
Hay varios motivos para este mejor comportamiento de España: el menor consumo energético por el elevado precio de los combustibles fósiles y la crisis económica, y el auge de las renovables. Aún así, a España aún le queda un largo camino por recorrer, con una dependencia energética del 73,3%, frente al 53,3% de media de la UE 28.
Precisamente la semana pasada el secretario de Estado de Comercio, Jaime García Legaz, ha explicado que España sigue importando una importante cantidad de energía, lo que explica que siga existiendo un déficit comercial, si bien el déficit energético se redujo un 9,9% respecto al mismo periodo del año pasado.
Las principales razones por las que el consumo de energía primaria se ha reducido en Europa son:
- El incremento de los precios internacionales de los combustibles fósiles. Como se puede ver en el gráfico, todos los combustibles fósiles tuvieron unos incrementos importantes en los precios entre 2006 y 2012, y estos altos precios se han mantenido en 2014, salvo en el caso del carbón que ha bajado un 21% en el periodo.

Fuente: Banco Mundial
- La crisis económica y la dependencia energética. Según Eurostat, la UE 28 en 2006 tenía una tasa de crecimiento del PIB del 3,4%, mientras que en 2012 tenía una tasa de decrecimiento del 0,6%. En algunos estudios económicos del FMI se alude a que la crisis económica de muchos países europeos, y especialmente los que más dependencia energética tienen, como sería el caso de España, tiene su origen en gran medida en el incremento de los precios de la energía que necesitan importar. Como se puede ver en el gráfico, la dependencia energética española es un grave lastre que está impidiendo la recuperación de la economía. En un solo año nos gastamos más en importar combustibles fósiles que todas las primas devengadas a las energías renovables eléctricas desde que se decidió incentivarlas.

- Fuente: BDE/Aduanas y elaboración propia. Hay que tener en cuenta que parte de las importaciones energéticas españolas se reexportan, alrededor del 15%, por lo que el saldo importador final es inferior al coste de las importaciones.
- La apuesta por las renovables y la eficiencia energética. Ya en 2007, en vista de la tendencia en la producción autóctona europea de energía, los precios internacionales de los combustibles fósiles y la problemática del cambio climático, la UE acordó establecer unos objetivos de energías renovables para cubrir su demanda de energía final en 2020 con un 20% de energías renovables, y un 20% de ahorro de energía frente al consumo tendencial. Estos objetivos se plasmaron en Directivas europeas en 2009 que establecían objetivos nacionales vinculantes con sus respectivos planes de acción. El cambio en la metodología de cálculo del objetivo (energía final frente a energía primaria) está fuertemente influenciado por el hecho que las tecnologías renovables más maduras y competitivas (eólica, hidráulica, solar, etc) producen electricidad que es considerada desde un punto de vista estadístico una energía final. El consumo de energía eléctrica sólo disminuyó un 1,3% en el periodo 2006-2012 frente al mencionado 8% de reducción del consumo de energía primaria. Por otra parte, las energías renovables europeas en 2012 contribuyeron con un 22% del total de la producción de energía autóctona de la UE (sólo por detrás de la nuclear y por delante del carbón, petróleo y gas). En España las renovables produjeron en 2012 el 43,7% de la energía autóctona, también sólo por detrás de la nuclear. Las energías renovables incrementaron su aportación a la producción autóctona de energía en un 54,6% desde 2006. En el sector eléctrico la eólica multiplicó por más de dos su aportación, pasando de 22 TWh a 48 TWh.Está claro que ante los tres retos aquí mencionados a España sólo le podrá ir bien si acierta en su apuesta energética. Más renovables autóctonas, especialmente la eólica por su competitividad y por contar con un sector industrial exportador, y más eficiencia energética son lo que puede contribuir, en términos energéticos, a reflotar la economía española a corto, medio y largo plazo. Pero si se destruye lo construido hasta ahora a golpe de inseguridad jurídica y regulatoria, una falta de políticas energéticas acertadas, junto a un encarecimiento y desincentivo a la inversión, entonces va a ser difícil que el factor energía pueda ayudar a salir de la crisis a España. Al contrario.
lunes, 13 de mayo de 2013
España necesitará 600.000 trabajadores especializados en eficiencia energética hasta 2020
- Los nuevos certificados energéticos serán expedidos por arquitectos, ingenieros o técnicos, debidamente cualificados.
- El 80% de los hogares españoles necesitan una rehabilitación energética.
- Casas como electrodomésticos: echa a andar la nueva etiqueta energética para vender y alquilar inmuebles.
España necesitará entre 166.000 y 600.000 empleados especializados y formados en materia de eficiencia energética hasta el horizonte de 2020 con el fin de cumplir con los objetivos europeos en la materia, según datos de la Fundación Laboral de la Construcción.
La formación de esta mano obra cualificada requerirá una inversión anual de entre 28 y 60 millones de euros, según se indica en el proyecto europeo Build Up Skills Spain, liderado en España por esta Fundación.
El proyecto define 29 acciones y once recomendaciones que pretenden contribuir a la consecución de los objetivos de energéticos de la estrategia europea a 2020.
Dentro de dichas acciones se incluye un plan de formación, Construye 2020, que, según la Fundación, serviría para actualizar y recualificar a los trabajadores más directamente relacionados con la eficiencia energética y las energías renovables.
Quién expedirá el certificado
Según la Asociación Nacional de Ahorro y Eficiencia Energética (Anae), los nuevos certificados energéticos serán expedidos por arquitectos, ingenieros o técnicos, todos ellos debidamente cualificados. En la actualidad, existe un gran número de ingenierías y asesorías energéticas que ofrecen este servicio.
Para ello, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) se ha encargado de llevar a cabo un plan para formar a los técnicos responsables de certificar energéticamente los edificios y de aquellos otros encargados de su control e inspección.
El IDAE también se encargará de informar a los vendedores, compradores y usuarios de viviendas y edificios en general sobre las nuevas obligaciones a las que tienen que hacer frente.
Según el Centro Nacional de Energías Renovables (Cener), en España, el 80% de los hogares, unos 18 millones, necesitan una rehabilitación energética para mejorar sus sistemas de calefacción y aislamiento y aumentar el ahorro.
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