B SOSTENIBLE

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jueves, 14 de enero de 2016

Innovación, la clave para combatir el cambio climático




En 2050, las emisiones mundiales de GEI deben caer aproximadamente a un 80% de los niveles actuales “El acuerdo de París es histórico en los esfuerzos contra los problemas del clima” Para conseguir grandes reducciones de emisiones se necesita una amplia cartera de políticas.


La Cumbre del Clima celebrada en París ha conseguido un acuerdo histórico en los esfuerzos por atajar el urgente y creciente problema del cambio climático. Existe un fuerte consenso entre la comunidad científica en que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) producirán un peligroso calentamiento atmosférico en las próximas décadas. La ciencia muestra que se necesitan grandes reducciones en las emisiones de GEI de origen humano para limitar el ascenso de la temperatura y evitar sus peligrosos efectos.

¿Cuánto hay que reducir dichas emisiones? ¡Mucho! En 2050 las emisiones mundiales de GEI deben caer aproximadamente a un 50% o un 80% de los niveles actuales, según recientes estudios del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

El principal gas de efecto invernadero es el dióxido de carbono, que se libera sobre todo por combustión de carburantes fósiles. Actualmente alrededor del 85% de la energía del planeta procede de combustibles fósiles en forma de petróleo (empleado básicamente para transportes), carbón (utilizado ampliamente en la generación de electricidad) y gas natural (usado para calentar en aplicaciones domésticas, comerciales e industriales, y cada vez más para la generación de energía eléctrica).

Para alcanzar el objetivo de reducción de emisiones será preciso introducir un cambio tecnológico masivo. En el sector energético significa sustituir combustibles fósiles como el carbón o el petróleo por energías con una huella de carbono igual o inferior a cero, como el gas natural, la nuclear o las renovables, incluyendo biomasa, eólica y solar, junto con las tecnologías para la captura y secuestro del CO2 procedente de grandes fuentes industriales. También se necesita un cambio tecnológico que mejore la eficiencia de los usos energéticos en edificios, transportes, agricultura e industria, reduciendo al mínimo estos combustibles en la producción de bienes y servicios. La tecnología también puede contribuir a reducir la demanda general de energía, manteniendo el desarrollo económico.

Hoy disponemos de la tecnología para llevar a cabo todas estas actividades. No obstante, para conseguir reducir las emisiones necesitaremos tecnologías que aún no se han desarrollado o implementado a una escala significativa, o que todavía no hemos inventado. En muchos casos también se necesitarán innovaciones en sistemas sociales e institucionales que influyen en la demanda energética y en las emisiones.

Un cambio tecnológico de la escala requerida no se consigue en un día. Las políticas pueden influir enormemente en el ritmo de difusión en el mercado de tecnologías con bajos niveles de carbono. En ausencia de mandatos o incentivos gubernamentales, son pocos, de haberlos, los mercados para las nuevas tecnologías cuyo único fin es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, o que son más limpias pero más caras que las opciones actuales.

Así pues, para conseguir grandes reducciones de emisiones se necesita una amplia cartera de políticas, no solo para fomentar la innovación tecnológica, sino también para su posterior adopción. También serán necesarios otros tipos de innovación tecnológica para adaptarse a los cambios climáticos que ya se están produciendo, incluyendo las áreas costeras vulnerables a las tormentas y a la subida del nivel de las aguas, así como las cosechas, vulnerables a la sequía.

Hasta ahora la mayor parte de las actuaciones gubernamentales para reducir las emisiones han sido incentivos voluntarios para la innovación e implementación de tecnologías con baja huella de carbono, respaldando programas de I+D, desgravaciones fiscales, avales para préstamos y otras medidas como las tarifas reguladas. Aunque estas zanahorias han estimulado tecnologías como la eólica y la solar, por sí solas no son adecuadas para hacer frente al desafío.

La cartera de políticas destinadas a promover la innovación debe incluir herramientas que directa o indirectamente limiten las emisiones de GEI. Algunos ejemplos son los mecanismos basados en el mercado, como los programas cap-and-trade (sistema de límite y comercio de emisiones) o las tasas sobre las emisiones, junto a políticas como los estándares de rendimiento de las tecnologías. Se debe apoyar igualmente la difusión del conocimiento, por ejemplo, a través del soporte financiero a la educación y la formación.

Aunque la I+D sola no es suficiente para conseguir un cambio tecnológico generalizado, sigue siendo un elemento crítico para promover innovaciones que reduzcan las emisiones. Se necesita un sustancial incremento de las ayudas gubernamentales para la I+D energética y también es necesario que aumente la ayuda del sector privado a la I+D, especialmente en los sectores relacionados con la energía. Una vez más, las políticas gubernamentales juegan un papel vital estableciendo los requisitos y las señales necesarias para que el sector privado pueda justificar sus inversiones en I+D.

Reducir las emisiones requerirá un número mayor de trabajadores especializados, sobre todo técnicos y científicos, pero también de ciencias sociales. Al fin y a la postre, es la gente la que innova. Tanto el sector público como el privado tienen un importante papel que jugar, atrayendo y reteniendo a los mayores talentos del mundo para que estudien los desafíos e inventen nuevas formas de mitigar el cambio climático global.


  • Cinco Días
  • CATEDRÁTICO DE INGENIERÍA Y POLÍTICA PÚBLICA EN LA UNIVERSIDAD CARNEGIE MELLON Y JURADO DE LOS PREMIOS FUNDACIÓN BBVA FRONTERAS DEL CONOCIMIENTO EN CAMBIO CLIMÁTICO

EDWARD S. RUBIN

miércoles, 13 de enero de 2016

ECONOMÍA PARA LAS PERSONAS




Toman fuerza nuevos modelos económicos que ponen en el centro a las personas y el medio ambiente


¿De qué sirve el dinero en una isla desierta? El dinero, como la economía, solo tiene sentido cuando pone en contacto a las personas y sus necesidades. Propuestas concretas que están cambiando la economía gracias a las nuevas posibilidades tecnológicas y la mayor conciencia ciudadana.



En los últimos años, los pilares indiscutibles de la economía mundial se han hecho pedazos.“La crisis financiera de 2008 destapó una serie de debilidades en el sistema financiero global, dominado por un grupo de grandes bancos que llegaron a poner en riesgo al conjunto de la economía”, apunta Alice Martin, investigadora de New Economics Foundation, un think tank de economía sostenible con base en Londres.

Esta vez, la renovación del sistema viene de la base, incluso en el sector financiero. “Para financiar el cambio, hay que cambiar las finanzas”, sostiene Peter Blom, CEO del Grupo Triodos, que hace hincapié en la urgencia de una economía para las personas, de repensar el concepto de crecimiento económico y dirigirlo a “aumentar la calidad de vida, no la cantidad”. Algo que se proponen los 27 bancos que conforman la Alianza Global para una Banca con Valores, que el propio Blom preside.


“Hay que aumentar la calidad de vida, no la cantidad”


Peter Blom, CEO del Grupo Triodos, defiende que hay que repensar el concepto de crecimiento económico

Frente a un sistema que ya no sirve o genera desconfianza, surgen alternativas que ponen el foco en las personas y no en las corporaciones, y que tienen en cuenta los límites ecológicos del planeta. A ese objetivo apuntan nuevos modelos como la economía circular, la economía colaborativa o las iniciativas ciudadanas de transición hacia una economía baja en carbono, que adquieren cada día más adeptos.

“Algo que tienen en común todas estas propuestas innovadoras es que otorgan más poder a los consumidores. Ofrecen estructuras que permiten a los particulares hacer transacciones con otros de forma más directa y, de alguna manera, democratiza la manera en la que los servicios y productos son financiados a través de redes de intercambio descentralizadas. La tecnología digital ha abierto nuevas posibilidades para que las personas puedan producir y consumir de forma colaborativa, y ha cubierto necesidades al compartir recursos que estaban ociosos”, indica Martin.


La llamada nueva economía marca un cambio transcendente en nuestra forma de entender la economía tras los aprendizajes de la crisis, y está alineada con la nueva escala de valores de los llamados millenials, los jóvenes nacidos a partir de la década de los 80. “No aceptan trabajar o consumir en contra de su ética. Quieren cambiar el mundo con sus startups o usando el emprendimiento social (…) y creen en la cooperación frente a descarnada competencia”, escribe para Ethic Iñaki Ortega, director de programas en Deusto Business School y profesor de Economía en la Universidad Internacional de La Rioja. Compartir y disfrutar está por encima de poseer para esta generación de nativos digitales.
Economía circular: por qué inspirarse en la naturaleza

“Podemos inspirarnos en la naturaleza, donde nada se pierde. Hay un sistema circular. Ese principio ecológico también sería el fundamento para la forma de vivir de la Humanidad”, afirma Thomas Rau, el arquitecto que diseñó, con criterios de construcción sostenible, la sede europea de Triodos Bank en Zeist, Países Bajos.


“Podemos inspirarnos en la naturaleza, donde nada se pierde. Hay un sistema circular. Ese principio ecológico también sería el fundamento para la forma de vivir de la Humanidad”


Thomas Rau, arquitecto


Como constata la Comisión Europea, “hasta ahora nuestras economías han desarrollado un patrón de crecimiento sustentado en la secuencia ‘tomar-fabricar-consumir y eliminar’, un modelo lineal basado en la hipótesis de la abundancia, facilidad de obtención y eliminación barata de los recursos”.

La Comisión define la economía circular como un sistema que “mantiene el valor añadido de los productos el mayor tiempo posible y excluye los residuos. Funciona reteniendo los recursos en la economía cuando un producto ha llegado al final de su vida, de modo que puedan continuar utilizándose una y otra vez para crear más valor, lo que implica cambios desde el diseño de los productos hasta la gestión y el mercado”.

De residuos fecales a energía, el proyecto de Planet Energy

La arquitectura es uno de los ámbitos que más fácilmente ha incorporado un enfoque de economía circular, junto al reciclaje, la movilidad o la energía.

En este último se ubica la empresa de ingeniería PlanetEnergy, que diseña comunidades energéticas para la autoproducción y el autoconsumo de energía renovable, tanto polígonos industriales como pequeñas comunidades urbanas o rurales.

Para ello, desarrolla sistemas que transforman los residuos en energía, combinando tecnologías sencillas basadas en los recursos ya disponibles en el entorno. Su promotora, Meghan Sapp, junto a su pareja, Íñigo Arana, han solicitado un préstamo a Triodos Bank para construir su vivienda particular en el Valle de Imotz, Navarra. Un proyecto que pretende ser un referente mundial en abastecimiento energético, ya que el gas necesario para la calefacción, el agua caliente y la cocina se generará a partir de los residuos fecales de los habitantes y animales del caserío.
El poder de la economía del compartir

El interés en la utilidad y no tanto en la propiedad forma parte también de una filosofía que comparten los ciudadanos que, de un modo u otro, participan en la llamada economía colaborativa. El 76% de los españoles ha alquilado o compartido bienes o servicios alguna vez, según el estudio “Tendencias del consumo colaborativo en España” elaborado por Avancar. Pero la cifra es más elevada entre los jóvenes (81%), uno de los indicadores que muestra el potencial de este nuevo modelo que crece a un ritmo del 25% cada año, según un estudio del MIT Sloan.


Junto a los aspectos positivos, también figuran otros más polémicos, como la posible competencia desleal para negocios tradicionales que pagan impuestos y cumplen exigencias administrativas. Esto ha hecho saltar la alarma del sistema regulatorio, pensado para un mundo diferente al que brindan estos nuevos modelos de negocio.

“Las futuras regulaciones deberán dilucidar la frontera entre la obtención de ingresos puntuales y la explotación comercial en estos negocios”, sostiene Montse Peiron, del Centro de Investigación e Información en Consumo (CRIC), que dedica un número de su revista Opciones al consumo colaborativo. “La economía del compartir puede consolidarse como una de las nuevas formas de empleo”, consideran desde la organización, pero “habrá que estar atentos a que se garanticen los derechos laborales”.


“Hacer las transacciones basándonos en la confianza entre personas que no se conocen es una de las aportaciones más socialmente transformadoras de la economía del compartir”


Montse Peiron, Centro de Investigación e Información en Consumo (CRIC)

Al mismo tiempo, “hay que tener cuidado con no caer en una hiperregulación, ya que, en algunos de los sectores o actividades, hacer las transacciones –con dinero de por medio– basándonos solo en la confianza entre personas que no se conocen, es una de las aportaciones más socialmente transformadoras de la economía del compartir”, sostienen.
Financiación colectiva que abre caminos

Ejemplo del potencial que entraña la colaboración entre particulares son múltiples iniciativas de financiación complementaria, entre las que se incluyen los préstamos entre particulares (peer-to-peer lending) o el micromecenazgo.


Estas fórmulas permiten a los emprendedores financiar sus proyectos a través de un número importante de particulares que muestran interés y deciden apoyarlas a través de pequeñas aportaciones individuales que reúnen grandes volúmenes. Triodos Bank ha apostado por sumarse a esta renovación económica con la primera plataforma de crowdfunding para proyectos de huertos escolares ecológicos en España.

“Estas iniciativas enriquecen a toda la comunidad educativa, pero en ocasiones no se pueden poner en marcha o mejorar por limitaciones de presupuesto. Por eso ofrecemos la posibilidad de que un colegio obtenga financiación vía microdonaciones para poner en marcha o desarrollar su huerto ecológico”, explica Ricardo Colmenares, director de la Fundación Triodos, que impulsa el proyecto de Huertoseducativos.org.


En otoño de 2015 han nacido propuestas novedosas, como la primera plataforma de crowdfunding para huertos escolares y la primera de crowdinvesting con impacto positivo de España

En el Reino Unido, la empresa Triodos Renewables ha promovido la participación directa de ciudadanos en proyectos de energías renovables a través de una plataforma de crowdfunding.

En esta línea de financiación participativa se enmarca La Bolsa Social, la primera plataforma de crowdinvesting con criterios éticos en España. Su objetivo es financiar, a través de la inversión colectiva en capital social, proyectos de empresas que tengan un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente. Como explica José Moncada, su director general: “Seleccionamos las empresas con el rigor del capital riesgo, las financiamos mediante la fuerza colaborativa de la financiación participativa y aportamos la dimensión ética de la inversión de impacto social”.

El espíritu colaborador también encuentra eco a la hora de emprender. Este es el enfoque de Teamlabs, una innovadora escuela de negocios que “promueve emprender en equipo para atender las necesidades de la sociedad”, como explica su presidente ejecutivo, Félix Lozano. Instalada en espacios de co-working, la empresa desarrolla programas de formación en emprendimiento con impacto positivo y basa la formación en la experimentación y los viajes, para conocer a otras personas y proyectos.

Cómo encontrar la motivación para actuar


Mapa de iniciativas de Transition Network

En este poder creativo de la colaboración se basa la red de ciudades en transición o Transition Network.

Nacida en 2006 en la localidad británica de Totnes, a partir de pequeñas iniciativas ciudadanas para hacer frente al cambio climático, sus proyectos hunden hoy raíces en más de 50 países, con una cuarentena de iniciativas en España.


El movimiento, que cuenta con la colaboración de Triodos Bank en Reino Unido, se cimenta en “pequeños-grandes” triunfos colectivos, a través de acciones como la unión de vecinos en diferentes calles de Bruselas para conseguir su peatonalización o la creación de una red Repair-Café en Pasadena (California) como lugares de encuentro social y reparación colectiva de bienes averiados.

“Inspira ver que ya hay gente que está viviendo tal y como necesitaríamos acordar hacerlo”, explica su cofundador Rob Hopkins, refiriéndose a la decisiva Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático de París (COP 21) de este diciembre, en la que participa la organización.

“Se trata de sentir que formas parte de algo. Hay maneras de vivir más conectados, de forma más enriquecedora y reconociendo los límites de nuestro planeta”, remarca.

LA BANCA ÉTICA, PIONERA EN CROWDFUNDING

La microdonación forma parte de las raíces de Triodos Bank: implicar a una comunidad de particulares, convencidos de que otro modelo de economía y de relación entre personas es necesario, para aportar pequeños fondos que permitieran el desarrollo de iniciativas vinculadas con la educación, las actividades culturales, la agricultura ecológica o las energías limpias, entre otros. Ese es el origen de la Fundación Triodos, que más tarde, en 1980, daría lugar al nacimiento del banco en Holanda.


HACER CRECER EL CONSUMO RESPONSABLE

Triodos Bank ha puesto en marcha un nuevo servicio de consumo responsable que ofrece a sus clientes particulares la posibilidad de localizar qué comercios trabajan con el banco y ejercer un consumo responsable. Tiendas de consumo ecológico y comercio justo, librerías, espacios culturales y hasta una empresa para la contratación de energía verde forman parte de esta red de negocios sostenibles. Por cada compra realizada con una tarjeta Triodos, algunos establecimientos realizan una donación a la Fundación Triodos para promover el uso responsable del dinero.

Texto: XAVIER HERVÁS VIGUERAS / SONIA FELIPE LARIOS publicado en: REVISTA TRIODOS

La mitad de españoles considera “necesaria” la conservación del medioambiente


Un 58,9 % de los españoles asegura ir en bicicleta o a pie. EFE/EmilioNaranj


EFEverde.- El 49,2 % de los españoles coincide en que "la defensa y conservación del medioambiente es absolutamente necesaria, aunque su protección suponga a veces costes altos", si bien un 26,2 % cree que no deberían serlo tanto y el 20,2 % opina que no tendría que tener ningún coste para el ciudadano.

Son algunos de los datos sobre el comportamiento medioambiental incluidos en el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicado este mes de enero y que sitúa, con un 28,9 %, la ecología y la naturaleza en tercer lugar de las informaciones que más interesan después de todo lo relativo con los avances médicos y los temas económicos y laborales.
Un 44,7 % de los encuestados se considera “poco” informado sobre temas de medioambiente y un 6,9 % reconoce que no lo está en absoluto, frente al 41,2 % que asegura estarlo “bastante” y sólo un 6,4 que afirma estar “muy” informado.
Las cerca de 2.500 entrevistas incluidas en este estudio se practicaron durante el pasado mes de diciembre, justo cuando se estaba celebrando la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático (COP21) en París.
Un 76,3 % de los consultados aseguró haber oído hablar sobre esta cumbre, frente al 23,6 %, que admitió haberse enterado gracias a la propia entrevista del CIS.
El informe también ha desvelado el comportamiento de los españoles en esta materia y destaca, por ejemplo, que el 77,3 % de los ciudadanos utiliza los contenedores de la calle destinados al reciclajey tratamiento de vidrio, plástico, cartón, papel y pilas, mientras que el 70,8 % separa la basura doméstica en su hogar según el tipo de residuos.
Los puntos limpios para el desecho de aparatos eléctricos y electrónicos son habitualmente utilizados por un 71,7 % de la población y las bombillas de bajo consumo en el hogar, por un 70 %.
Asimismo, el CIS refleja que, a la hora de hacer las compras, un 57,8 % de los encuestados suele elegir electrodomésticos de bajo consumo con las etiquetas A, B ó C y un 47,5 % adquiere, “algunas veces“, productos ecológicos.
En relación a los métodos de desplazamiento empleados, el 58,9 % asegura valerse de una bicicleta o desplazarse a pie en su localidad y el 25,6% utiliza transporte público.
El 27,3 % de los que prefieren hacer uso de un vehículo particular tienen en cuenta en el momento de comprarlo que éste sea el menos contaminante, frente al 15,5 % que lo hace “algunas veces” y el 26,2 % que “nunca” lo hace. EFE



martes, 12 de enero de 2016

Así se trabaja en un edificio 100% renovable


Asunción Ruiz , directora ejecutiva de SEO/Birdlife, en el tejado de la sede de la organización conservacionista. JAVIER BARBANCHO



Las oficinas de SEO/Birdlife no sólo se autoabastecen sino que producen energía

El autoabastecimiento energético en una ciudad como Madrid parece un sueño, pero la organización conservacionista más antigua del país quiere demostrar que es posible empezando por sus oficinas de Puente de Vallecas. En la calle Melquiades Biencinto 34, se sitúa la sede de SEO/Birdlife, un hermoso edificio protegido por Patrimonio que no sólo se abastece con energía 100% renovable sino que produce parte de ella gracias a un generador fotovoltaico instalado en su tejado. 

La fecha no ha sido elegida al azar: el mismo día que instalaron sus placas solares, el 30 de noviembre, comenzó la cumbre sobre el Cambio Climático de París, que finalizó el 11 de diciembre. «Es un acuerdo absolutamente insuficiente, pero es histórico: lo han firmado 196 países, entre ellos China y Estados Unidos. Es el principio del fin de los combustibles fósiles, pero el reto es tan grande que no se puede dejar sólo en manos de los gobiernos», explica Asunción Ruiz, directora ejecutiva de la organización. Y con el objetivo de concienciar y conseguir un compromiso vinculante por parte de los ciudadanos, decidieron ser los primeros en dar ejemplo.

Para el visitante, estas oficinas pueden parecer un lugar de trabajo como otro cualquiera: 417 metros cuadrados repartidos en tres plantas donde trabajan unas 40 personas. Pero una serie de pequeños gestos ha hecho posible la reducción de sus emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera además de una significativa reducción en el gasto de su factura. 

«Hace tres años firmamos un acuerdo con la empresa sin ánimo de lucro Ecoo. Encargamos una auditoría energética, que puede encargar cualquier ciudadano, para saber qué capacidad tienes a la hora de reducir tu consumo», cuenta Ruiz. Las medidas que adoptaron eran tan sencillas como bajar la potencia eléctrica contratada, instalar un interruptor para los sistemas de refrigeración y sensores de presencia y temporizadores para la luz, revisar los cierres de las ventanas, utilizar temporizadores de agua en los grifos, sustituir todas las luminarias por LED y concienciar a los trabajadores en el uso del papel.

«No hay kilovatio más renovable que el que no se consume. Hemos reducido nuestro consumo de energía casi el 20%, pero es que además nos ahorramos más del 25% de la factura de la luz», afirma la directora de la ONG, que dirigiéndose a toda la ciudadanía añade: «Aplicando las medidas de una auditoría energética una vivienda media de 100 metros cuadrados puede ahorrar en el año el 45% de su consumo energético, y esto es evitar la emisión de unos 2.300 kilos de CO2 al año. Pero sobre todo es un ahorro para el bolsillo». 

Con todo, aún era necesario consumir energía, suministrada por una compañía que seguramente apoye el uso de combustibles fósiles. Así que llegados a este punto SEO/Birdlife decidió contratar energía limpia. «Se trata de comercializadoras que te garantizan que el 100% de tu consumo eléctrico va a ser renovable. No es un ahorro económico, pero no te cuesta más y no supone ninguna incomodidad cotidiana. Hay varios, nosotros lo contratamos con SOM Energía en Madrid, Barcelona y Valencia», cuenta Ruiz. 

El último paso -y el más problemático dadas las trabas burocráticas y económicas introducidas por la reforma eléctrica y el Real Decreto de Autoconsumo según indica Ruiz- fue producir su propia energía. Para recaudar los 6.900 euros necesarios para la instalación de 12 placas fotovoltaicas crearon una campaña de crowdfunding en la que participaron casi 200 mecenas aportando entre 10 y 600 euros. Como no podían lucrarse con este ahorro energético, decidieron realizar proyectos en defensa de la biodiversidad con ese dinero. El primero: la reforestación de un bosque de ribera en Rivas Vaciamadrid.

«Es verdad que consumimos en este momento más de lo que producimos porque no tenemos las suficientes placas, pero poquito a poco iremos comprando. Nuestro deseo final es que podamos producir toda nuestra energía», concluye Ruiz, que invita a los ciudadanos a participar en este cambio.


Publicado por FÁTIMA ELIDRISSI   EN EL MUNDO

lunes, 11 de enero de 2016

UE invertirá en programas de desarrollo socioeconómico y ambiental



La UE invertirá 1 000 millones de euros en el desarrollo económico y social de las regiones adyacentes a sus fronteras exteriores
La Comisión Europea ha adoptado una serie de programas de cooperación transfronteriza, por un importe total de 1 000 millones de euros, que apoyarán el desarrollo económico y social de las regiones situadas a ambos lados de las fronteras exteriores de la UE.
«La cooperación transfronteriza desempeña un papel fundamental a la hora de evitar la creación de nuevas líneas divisorias. Esta nueva financiación contribuirá a un desarrollo regional más integrado y sostenible en las regiones fronterizas vecinas y a una cooperación territorial más armoniosa en las fronteras exteriores de la UE», declaró el comisario de Política Europea de Vecindad y Negociaciones de Ampliación, Johannes Hahn.
«Me complace profundamente que el Fondo Europeo de Desarrollo Regional pueda contribuir al acercamiento entre la UE y sus vecinos. Los programas de cooperación transfronteriza constituyen ejemplos concretos de la forma en que la UE trabaja para que los ciudadanos puedan resolver problemas comunes, estableciendo así un verdadero sentido de solidaridad, y al mismo tiempo impulsando las economías locales», afirmó la comisaria de Política Regional, Corina Cretu.
Este tipo de cooperación transfronteriza es un elemento importante de la política de la UE con respecto a sus vecinos. Se dará prioridad a proyectos que apoyen el desarrollo sostenible a lo largo de las fronteras exteriores de la UE y, por tanto, que reduzcan las diferencias de nivel de vida y aborden retos comunes a ambos lados de esas fronteras. 
Para cada uno de los programas, los países participantes han seleccionado hasta cuatro prioridades, como el desarrollo de las PYME, la cultura, el medio ambiente y el cambio climático, la lucha contra la pobreza, la educación y la investigación, la energía, la accesibilidad o la gestión de fronteras.
El nuevo paquete financiará proyectos en 27 países: Armenia, Georgia, la República de Moldavia, Ucrania y Rusia en el este; Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Palestina y Túnez; Estados miembros de la UE (Bulgaria, Chipre, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Italia, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, Portugal, Rumanía y Suecia), así como Noruega y Turquía. La financiación procede del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) y del Instrumento Europeo de Vecindad (IEV). Los convenios de financiación serán concluidos entre los países socios y la UE antes de que finalice 2016. Las subvenciones se concederán mediante convocatorias de propuestas que se prevé poner en marcha en 2016 o a principios de 2017.
Ejemplo:
Gracias al proyecto «Río limpio» entre Rumanía y Ucrania (con un presupuesto de 3 800 millones de euros) la cooperación transfronteriza del IEV ayudará a preservar el valor ecológico del Danubio, mediante el refuerzo de la cooperación en la prevención de desastres provocados por el hombre.

Estas son las distintas proyecciones sobre emisiones de CO2 en diferentes escenarios


miércoles, 30 de diciembre de 2015

QUÉ NOTA SACAMOS EN CONSTRUCCIÓN SOSTENIBLE




Panorama tras dos años de certificación energética obligatoria de los edificios en España


El próximo 1 de enero los ayuntamientos podrán rebajar el IBI a las viviendas más eficientes. Es la última novedad en un sector que, pese a cierta apariencia monolítica, vive múltiples cambios. Dos años después de la obligatoriedad de informar sobre el nivel de eficiencia energética de la vivienda en su venta y del lanzamiento de la primera ecohipoteca, ¿progresa adecuadamente la construcción sostenible?


El año que viene el estímulo económico para vender, comprar, alquilar o vivir en un edificio más eficiente energéticamente, y por lo tanto con menor impacto ambiental, crecerá. El Gobierno permitirá a las corporaciones municipales reducir hasta en un 20% el IBI de las viviendas con calificación energética A, así como bonificar con un -16%, -12%, -8% y -4% el de aquellas con nivel B, C, D y E.

La medida es el último intento de vencer un punto débil histórico de nuestro parque de viviendas. Algo que, según Roberto Ruiz Robles, presidente de la Asociación de Ciencias Ambientales de Madrid (ACA), no es una quimera: “La baja calificación energética de nuestros edificios tiene una causa que va más allá de las condiciones climáticas. Hasta el año 1979, no existía en España ningún marco normativo que obligase a considerar la eficiencia energética en la construcción de un edificio. Desde ese año hasta la aprobación del Código Técnico de la Edificación (CTE), esa primera norma no exigía apenas requisitos para su cumplimiento, y su entrada en vigor llegó cuando el boomde la construcción estaba llegando a su fin”.

Ruiz, que encabeza una entidad muy activa en el asesoramiento y formación en ámbitos como la rehabilitación energética, habla de una “necesaria reconversión del sector”.
La “salida del huevo” de la construcción sostenible



El punto de inflexión en el sector ha venido acompañada de estímulos como la primera ecohipoteca

El 1 de junio de 2013 llegó el punto de inflexión más claro para reconducir una situación que contribuye a la pobreza energética, al consumo excesivo en un país dependiente energéticamente o a problemas ambientales como el cambio climático. Por primera vez, como ocurre con los electrodomésticos, los ciudadanos adquirían el derecho de conocer la etiqueta energética de las viviendas, tras la entrada en vigor en España de la normativa europea.

¿Con qué resultados? Desde entonces, 1,5 millones de inmuebles se han certificado y un 50% de los propietarios conocen la certificación energética, según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE).

El 50% de los propietarios de vivienda ya conoce la certificación energética, según IDAE

El mismo año, una innovación actuaba como palanca complementaria para el cambio. También por primera vez, los compradores de vivienda contaban con el estímulo de saber que adquirir una vivienda con mayor eficiencia reduce el interés de su préstamo hipotecario. Hoy, más de 500 hogares han accedido a la Hipoteca Triodos, primer producto de su sector que quiere extender el concepto de consumo responsable a la vivienda.

Para Beatriz García, gerente de Vivienda y Construcción Sostenible de Triodos Bank, se está demostrando que “la construcción sostenible no es un lujo, sino una necesidad social” con hechos como que “el 40% de las emisiones de CO2 son causadas por la edificación o que la pobreza energética de las viviendas ha disparado el número de hogares con gastos desproporcionados y su incapacidad para abordarlos”.

Las bases del cambio están plantadas, porque la introducción de una medición, como ha sido la certificación obligatoria, permite mejorar. Pero el camino por recorrer parece aún muy largo: por ahora, el 80% de los edificios tiene una certificación E o inferior, según IDAE.
Ver el vaso medio lleno, con datos

Imagen de Mejora la energía de tu comunidad, programa de WWF

No es una cuestión de optimismo. Mejorar sustancialmente la sostenibilidad en construcción, también más allá de la eficiencia energética de nueva construción es una realidad: “En algunos trabajos que hemos hecho, por ejemplo en viviendas, en equipamientos como polideportivos o en el CCCB de Barcelona, hemos conseguido ahorros de entre el 20% y el 30% sin tocar nada esencial, simplemente gestionando mejor la energía (…) En los edificios nuevos se puede llegar hasta un 50%“, explica Frederic Ximeno, socio director de ERF-Estudi Ramon Folch, consultora ambiental y energética.

Más hechos. Tras dos años de la puesta en marcha de la primera caldera de biomasa instalada en una comunidad de vecinos en Galicia, contactamos con su instalador, Tecgal. “La experiencia está siendo muy positiva tanto para los vecinos como para nosotros. Los ahorros que la comunidad está obteniendo son de 14.000 euros al año con respecto al consumo que tenían hace dos años con gasóleo”, nos actualiza Laura Aldariz, técnico y gerente de la empresa, que contó con financiación de Triodos Bank para llevar a cabo el proyecto.
Por qué el cambio es imparable

“Las personas no acabamos de aprender la lección”, lamenta también Aldariz, que percibe como “el interés en sistemas más eficientes como la biomasa en rehabilitación se ha aparcado hasta, suponemos, una nueva subida del petróleo”.


El proyecto de construcción con geotermia de Arroyo Bodonal, un referente europeo en sostenibilidad

Por su parte, de su experiencia con ACA impulsando programas oficiales formativos en rehabilitación energética como REPEX o Habilita, Ruiz concluye que, “aunque se ha avanzado, todavía hace falta trabajar mucho en concienciación en el sector y especialmente en el proceso de recualificación de los trabajadores”. En su opinión, “las novedades legislativas, los planes de ayudas y las soluciones se renuevan continuamente pero, a gran escala, el sector no está consiguiendo reconvertirse, a pesar de los beneficios ambientales, económicos y sociales que ello puede reportar”.


“Todavía hace falta trabajar mucho en concienciación en el sector y especialmente en el proceso de recualificación de los trabajadores”


Roberto Ruiz Robles, presidente de la Asociación de Ciencias Ambientales de Madrid

Aunque un diagnóstico general indica que la construcción necesita mejorar, hay razones de peso para pensar en que continuará progresando, el tiempo dirá si adecuadamente. Por ejemplo, una directiva europea obliga a que, a partir de 2020, todo edificio de nueva construcción deba ser de consumo casi nulo, con características que los estados miembros de la UE deben concretar y hacer públicas en estos momentos.


Casa de paja en construcción del promotor Rafael Sala, con financiación de Triodos Bank

Por otro lado, desde el sector ya no son casos aislados los ejemplos de empresas y profesionales que están yendo por delante.

En comparación con la edificación convencional, “la vivienda sostenible sí tiene salida”, afirma Antonio Martínez, detrás de uno de los mayores proyectos de construcción con energía geotérmica de Europa, en Tres Cantos (Madrid), desde su cooperativa Arroyo Bodonal. La promoción, con certificación energética A+ y financiación de banca ética, vendió todos sus pisos antes de que se finalizaran, con los residentes entrando a vivir este año.


Etikalia, inmobiliaria que se propone promover la sostenibilidad y un enfoque humano y trabaja con banca ética

Entretanto, iniciativas como 100×100 madera impulsan casas que, a día de hoy, ya cumplen con el objetivo de seredificaciones de consumo casi nulo, en este caso con certificación Passivhaus y necesidades de climatización muy limitadas. Y arquitectos innovadores, como los mallorquines Joan Brunet y Rafael Sala, levantan casas de paja a la altura de los requisitos más exigentes en eficiencia y aprovechando para su construcción materiales que, de otra forma, serían desechados.

Incluso en el sector inmobiliario se empieza a introducir cambios, con conceptos como el de “inmobiliaria ética”, del proyecto vasco Etikalia, con una mayor implicación en la problemática social y económica de inquilinos y propietarios. La construcción sostenible empieza a ser un edificio sólido.

Texto: Xavier Hervás Vigueras · Foto de la ciudad de cartón: Ronnie McDonald, licencia CC BY 2.0