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martes, 9 de febrero de 2016

GREENPEACE te adelanta la nueva temporada de Juego de Tronos


¿Quién va a ser la próxima víctima en Juego de Tronos? A falta de tres meses de que se estrene la nueva temporada, hemos tenido la oportunidad de ver un avance muy revelador en este minuto de metraje.

Efectivamente, la víctima es el invierno. El año 2015 ha sido el más caluroso a nivel planetario desde que se tienen registros (1880), según el último informe de la NASA, y el pasado mes de diciembre ha sido el más cálido de los últimos 136 años. En el caso del deshielo, durante el mes de enero de 2016 la extensión de hielo en el Ártico ha sido la mínima que se ha alcanzado durante un mes de enero desde que se tienen registros.
Si no queremos que en las siguientes temporadas los autores de la serie ya no puedan usar un lema como "se acerca el invierno", tenemos que actuar con urgencia. El límite peligroso es el aumento de temperatura media del planeta en 1,5ºC y el año pasado ya llegamos al aumento de 1ºC.
Actuemos contra el cambio climático y reducir las emisiones. Porque queremos que el invierno siga viniendo (a poder ser sin Caminantes Blancos, pero eso es otra historia).

Qué puedes hacer tú


  • Hazte socio/a de Greenpeace para luchar contra el cambio climático.

viernes, 5 de febrero de 2016

Un frigorífico de cerámica: ciencia y técnica en acción


El profesor Mohammed Bah Abba junto a su desarrollo de "frigorífico" de arcilla
En este ensayo se explican los fundamentos de diferentes aspectos implicados en la fabricación y en el funcionamiento de un original frigorífico que funciona sin necesidad de aporte de energía eléctrica. Fue desarrollado hace unos pocos años por un profesor nigeriano que se basó en ciertas propiedades del agua y de la cerámica. Este invento no es una mera curiosidad, sino que ha supuesto un importante avance social en algunas zonas de África, por lo que constituye un excelente ejemplo de cómo la ciencia y la tecnología pueden influir de manera determinante en la solución de problemas concretos que se plantean en las distintas sociedades.

En el año 2.000, la conocida marca de relojes Rolex otorgó uno de los premios que concede con carácter bienal, para reconocer el desarrollo de proyectos empresariales creativos y de inventos pioneros que promueven cambios significativos, al profesor Mohammed Bah Abba. Se destacaba así su labor en el desarrollo del frigorífico citado, mediante la aplicación de una tecnología aparentemente sencilla pero que, para los habitantes de ciertos pueblos africanos, ha significado un hito fundamental para su desarrollo.

Estos premios suponen un reconocimiento a tareas encomiables realizadas, en la mayoría de las ocasiones, con medios materiales sumamente limitados. Pocas veces esta prestigiosa distinción ha sido tan merecida. Indiquemos desde el principio que, entre otros aspectos que se irán desgranando, gracias al invento, las niñas de los poblados de ciertas zonas del norte de Nigeria pudieron asistir de forma regular a la escuela. Pronto entenderemos el porqué, y se apreciará cómo se basa en las propiedades fisicoquímicas de dos de las sustancias más características de nuestro planeta, el agua y la arcilla, así como en ciertas propiedades del aire, que también juega un papel relevante en el proceso.

La física y la química nos enseñan que el agua es una sustancia sumamente peculiar, porque posee características que la distinguen de la mayoría de los líquidos. Baste decir, aunque no guarde relación con la cuestión central analizada en este texto, que, como aprendemos desde pequeños, el hielo (agua sólida) es de los pocos sólidos menos denso que su líquido correspondiente, por lo que flota en éste. ¿Quién no se ha quedado absorto en algún momento viendo cómo, a pesar de empujar hacia abajo un cubito de hielo en una bebida, el hielo vuelve a flotar, "empeñándose" en llevarnos la contraria?

La tensión superficial (propiedad que otorga a la superficie de los líquidos un comportamiento parecido al de una membrana) es tan elevada en el caso del agua que puede sostener una aguja de acero (más denso que el agua) en su superficie, y permite caminar por encima a ciertos insectos. Por añadir algo más sobre esta peculiar sustancia, el "líquido elemento" de los alquimistas, conviene resaltar que, siendo el único compuesto cuya fórmula conoce casi todo el mundo (el "hache dos o"), sus propiedades no son aún del todo bien conocidas en profundidad.
Otra propiedad peculiar del agua es su elevado calor específico (energía necesaria para que un gramo de sustancia aumente en un grado centígrado su temperatura), lo que explica el hecho de que pequeñas cantidades de agua son capaces de tomar o liberar gran cantidad de calor (energía), experimentando sólo pequeñas variaciones de temperatura.

Para el invento que aquí se expone destaca otra propiedad termodinámica: el agua posee un elevado calor de vaporización (energía necesaria para que una sustancia pase de líquido a vapor), lo que significa que la evaporación de pequeñas cantidades de agua provocan un efecto importante de absorción de calor, produciendo un enfriamiento apreciable en el líquido restante. Podríamos recordar, al respecto, ese frescor que nos acompaña en los calurosos días de verano al salir de la piscina o del mar tras un baño. Se debe a la evaporación del agua que moja nuestra piel. Otra aplicación del calor de vaporización para refrescarnos es el hecho de que el exceso de calor de nuestro organismo se consume, en parte, por evaporación de agua (componente mayoritario del sudor) en la piel, tras ser liberada por las glándulas sudoríparas. Al jadear, los perros emplean un proceso similar, perdiendo calor a través de la evaporación del agua de la saliva de la lengua.

El profesor Abba, citado antes, y que lamentablemente falleció con solo 46 años, inventó un frigorífico, hecho con cerámica, que no necesita de electricidad, sino que hace uso, precisamente, de algunas de las propiedades del agua que se han indicado. Dicho frigorífico, que en inglés se conoce desde entonces como "pot in pot" (se podría traducir por "vasija en vasija") y en árabe como "zeer", requiere la preparación de dos recipientes de cerámica porosa, de distinto tamaño, que se disponen uno dentro del otro, y entre los que se introduce arena humedecida. Es esencial para su correcto funcionamiento que la arena esté constantemente húmeda.



Esquema del frigorífico "pot in pot", basado en un dibujo de Peter Rinker (Own work, via Wikimedia Commons).
Dentro de la vasija interna se introducen alimentos que se tapan con un paño húmedo. Los alimentos así dispuestos se encuentran a temperaturas inferiores a las del ambiente exterior, gracias a la evaporación del agua, según el efecto termodinámico ya comentado y que explica también el enfriamiento del agua en los populares botijos españoles. [1] Se produce así, en el frigorífico de cerámica, un descenso de temperatura de hasta cerca de veinte grados centígrados. Nótese que los frigoríficos convencionales que utilizamos, si bien llegan a temperaturas inferiores y más controlables, necesitan estar conectados a la red eléctrica para funcionar, dado que se basan en otros principios termodinámicos muy diferentes.

Aparte de las características del agua, también la cerámica con la que se fabrica el frigorífico en cuestión ocupa un papel relevante. Es un material aislante térmico (conduce mal el calor), por lo que resguarda al interior, con alimentos, del calor del aire y de la radiación solar. Además, su porosidad permite que se evapore el agua que acompaña a la arena humedecida, situada entre ambos recipientes. Si la cerámica no fuera porosa, no se produciría evaporación del agua y, por tanto, no habría refrigeración (como ocurre con los botijos barnizados, en los que el agua no se enfría). Por otra parte, la porosidad aumenta la capacidad como aislante térmico del material cerámico.

Para preparar objetos de cerámica, como los aquí indicados, se trata una arcilla  adecuada con agua, lo que la hace deformable (adquiere un comportamiento "plástico"). Las arcillas están constituidas químicamente por varios tipos de silicatos y aluminosilicatos de estructura laminar. Para ilustrar la estructura de una arcilla, en la siguiente figura se muestra la correspondiente a la montmorillonita [2]. Las arcillas se suelen volver plásticas con el agua porque esta sustancia le otorga un efecto "lubricante" que facilita el desplazamiento de las láminas entre sí.
                             




Estructura de la montmorillonita, como ejemplo de arcilla
Una vez conformada una pieza de arcilla humedecida con la forma deseada, se somete a un ciclo de secado y calefacción en hornos, a temperatura adecuada, produciéndose una serie de procesos químicos de transformación de silicatos, que hacen rígido al material y, por tanto, ya no deformable. Sin conocer como ahora la estructura de los silicatos arcillosos, ni las complicadas reacciones químicas implicadas en su cocción, este proceso de preparación de materiales cerámicos es bien conocido desde hace miles de años: es el "secreto" del arte de la alfarería.

El clima también es importante en el frigorífico cerámico que se está comentando. Si hubiera una elevada humedad en el ambiente, el agua no tendría tendencia a evaporarse y no funcionaría un frigorífico como el aquí descrito. Al igual que para el caso de los botijos ya aludidos, para que se produzca la evaporación del agua, a la velocidad adecuada, es necesario que exista un clima caluroso y seco, algo que no es frecuente en el conjunto de nuestro planeta, donde son más habituales los veranos húmedos. Este hecho justifica el porqué los botijos y otros materiales cerámicos que refrescan el agua son conocidos desde hace siglos sólo en ciertas zonas, como las de clima mediterráneo, pero no en otras latitudes. [3] Además, una adecuada ventilación, que promueva la dispersión de las moléculas del agua que se van evaporando, también favorece el proceso.

Hay constancia de la existencia de ciertos tipos de vasijas de arcilla porosa refrigerantes en Egipto, concretamente en la ciudad de Qinã, fabricadas hace más de tres mil años. En la actualidad, entre otros países, se constata su presencia en Burkina Faso, donde algunos recipientes de cerámica que contienen alimentos se sumergen en agua antes de llenarlos, y en la India, donde hay vendedores ambulantes de frutas y bebidas enfriadas en bolsas dentro de contenedores de arcilla humedecida.

El descenso de temperatura que se produce en la vasija interna del frigorífico zeer provoca una ralentización de los procesos bioquímicos de degradación de los alimentos allí guardados, aumentando su duración. Esto es el fundamento, a grandes rasgos, de la refrigeración de los alimentos para su conservación más duradera: cuanto más frío están, más duran, por ser menor su velocidad de degradación.
Este es un hecho bastante universal: la velocidad de las reacciones químicas disminuye al descender la temperatura. Cuantitativamente viene regido, en muchas ocasiones, por la ecuación de Arrhenius, bien conocida por los alumnos de química de bachillerato. La vida de las bacterias (seres vivos unicelulares) que degradan los alimentos se basa, como la de cualquier otro ser vivo, en reacciones químicas que tienen lugar en el interior de las células y, a baja temperatura, se hacen más lentas.

En el Norte de Nigeria, zona donde vivió el profesor Abba, se da un clima semidesértico y se carece prácticamente de suministro eléctrico en las zonas rurales. Por otra parte, el arte de la cerámica es bien conocido allí desde hace siglos, por lo que la preparación de los recipientes del tipo de los diseñados por este profesor no es una técnica ajena a los habitantes del entorno.

En una economía de subsistencia, como es la característica de la zona, dependiente prácticamente en exclusividad de productos agrícolas, muchas niñas dedicaban la mayor parte de su tiempo a la venta diaria de estos productos que, en ese clima tan cálido, duran apenas unos días.

Una vez que el profesor Abba desarrolló su idea, comprobó en la práctica que funcionaba. Así, por ejemplo, observó que las berenjenas, que duran en el clima de la zona del orden de tres días, se mantienen en condiciones aptas para el consumo durante casi un mes en su "frigorífico del desierto". Y los tomates y pimientos duran óptimamente más de tres semanas. Otro cultivo de elevado consumo en la zona, como es un tipo de espinaca, que deja de ser comestible en tiempo caluroso en sólo dos días, pasa a durar cerca de dos semanas en el frigorífico descrito.
Y comprobada la tecnología, el profesor Abba tuvo que hacer un trabajo adicional, no menos complicado: divulgar las bondades de su procedimiento y convencer de ello a sus paisanos. Para ello, y teniendo en cuenta el elevado índice de analfabetismo de la zona, lo difundió, poblado a poblado, con ayuda de una película que proyecta sobre una sábana blanca. Apoyado por familiares con tradición alfarera, fabricó unos centenares de vasijas, que distribuyó para demostrar su utilidad.


Mohammed Bah Abba (1964-2010) mostrando el funcionamiento de su frigorífico (Tomado de Rolex Awards / Tomas Bertelsen)
Aunque no se ha indicado hasta ahora, Abba no era profesor de ciencias, ni tampoco poseía profundos conocimientos al respecto. Tras estudiar Gestión y Administración en la Universidad Ahmadu Bello, en la ciudad de Zaria, ejerció la docencia de estas materias en el Politécnico Público de Jigawa en Dutse, también en Nigeria. Pero poseía, eso sí, creatividad y una inteligencia muy práctica, lo que le permitió aplicar conocimientos científicos básicos, como los mencionados en párrafos anteriores, a la solución de problemas concretos. Sus inquietudes sociales le llevaron también a ser asesor, en su tiempo libre, de programas de desarrollo de Naciones Unidas en Kiyawa, donde organizó diversas actividades para la comunidad, especialmente encaminadas a la promoción social de la mujer.

Su labor no se limitó, pues, a realizar una invención, sino que tuvo que aplicar, en los años siguientes, sus conocimientos de gestión, para difundir su hallazgo.
El mantenimiento es muy económico: un frigorífico zeer, por un módico precio que no llega a un euro, permite refrigerar suficientemente unos doce kilogramos de frutas, verduras y otros alimentos (como la carne) siempre, por supuesto, que se mantenga humedecida la arena presente entre ambos recipientes, a medida que se va evaporando el agua.

Por si todo esto fuera poco, al no necesitar aporte de energía eléctrica, no implica emisiones de dióxido de carbono para su funcionamiento, por lo que promueve un desarrollo sostenible. [4] Y gracias a la necesidad de fabricación de estos recipientes, además, se potencia la industria artesanal alfarera de la zona.

El Profesor Abba era profundamente creyente, y fiel a la doctrina islámica que profesaba, era consciente de que su conocimiento y su esfuerzo no le pertenecían en exclusividad, sino que los consideraba un legado que Dios ponía a su disposición para ayudar a sus semejantes. Probablemente, en algunos momentos de reflexión, relacionó su invento con ciertas partes del Corán, como aquélla donde se indica que Dios hizo descender de las alturas la lluvia (el agua) para producir todos los frutos de los que nos nutrimos. Además, entendía el Islam como una apuesta por la igualdad radical de hombres y mujeres. Por ello, la principal satisfacción que manifestó fue el hecho de que, gracias a su invención, muchas niñas que anteriormente dedicaban casi todo el día a la venta ambulante de productos vegetales perecederos, podían espaciarla, lo que les permitía acudir a la escuela de una forma más regular.

Hasta la fecha, se han distribuido más de cien mil frigoríficos zeer, no ya sólo en el norte de Nigeria, sino también en otros países del entorno. Se está estudiando también el método para otras aplicaciones interesantes; por ejemplo, para conservar viales de insulina para pacientes diabéticos de zonas rurales remotas de Eritrea, donde no hay acceso a la electricidad.

El frigorífico explicado supone, pues, una esperanza para ciertas zonas africanas. No es quizá mucho a nivel global (y por eso se ha difundido parcamente en los medios de comunicación occidentales) pero, a nivel local, parece que permite mejorar el nivel de vida de miles de personas, y eso no es poco. Es un ejemplo más de que, gracias al conocimiento científico, en este caso de propiedades fisicoquímicas básicas, y al tesón de seres humanos emprendedores, puede cambiarse el presente, propiciando un futuro mejor. Es una lección siempre importante, pero quizá aún más en tiempos de crisis.

Este artículo nos lo envía Gabriel Pinto Cañón. Doctor en CC. Químicas por la Universidad Complutense de Madrid, es Catedrático de Ingeniería Química en la Universidad Politécnica de Madrid. Aparte de su investigación sobre preparación y caracterización de materiales compuestos de matriz polimérica, ha dedicado un esfuerzo desde hace tres décadas a la didáctica y divulgación de la química, la física y la tecnología.

Publicado en NAUKAS
NOTAS:

[1] Para comprender el enfriamiento que se produce por la evaporación del agua, se sugiere el ejemplo donde se compara el "mecanismo" del enfriamiento de un botijo con el juguete científico conocido como "pájaro bebedor", expuesto en un trabajo anterior citado en la bibliografía. En dicho trabajo, titulado "Aprendamos física experimentando con una sustancia mágica: ¡El agua!", se aportan más referencias al respecto.
[2] La etimología de los minerales, como el de los compuestos químicos, los elementos, y otros múltiples conceptos científicos, es un campo apasionante. Además, puede utilizarse a nivel didáctico para atraer la curiosidad de los alumnos. En este caso, simplemente se indicará que el nombre de montmorillonita alude a la localidad francesa de Montmorillon. Otra localidad francesa, Les Baux-de-Provence, da nombre a la bauxita, un mineral de gran interés práctico porque permite la obtención del aluminio metálico. Así, es fácil pensar que el mineral aragonito se refiere a alguna población aragonesa. No es así, pero casi: se debe a Molina de Aragón (Guadalajara, Castilla-La Mancha).
[3] Los profesores Martínez de Azagra y del Río, de la Universidad de Valladolid, realizaron un interesante trabajo, recogido en la bibliografía, sobre la influencia del clima en la utilidad refrigeradora de los botijos.
[4] A diferencia de los frigoríficos convencionales en los que normalmente la energía procede, en buena parte, de centrales térmicas.
BIBLIOGRAFÍA:

– J. I. Zubizarreta, G. Pinto, "An ancient method for cooling water explained by means of mass and heat transfer", Chemical Engineering Education, 29, 96-99 (1995).
– E. Ibrahim, L. Shao, S. B. Riffat, "Performance of porous ceramic evaporators for building cooling applications", Energy and Buildings, 35, 941-949 (2003).
– J. Viegas (ed.), The laws of thermodynamics: an anthology of current thought, pp. 112-120, Rosen Publishing Group, New York (2006).
– F. Bergaya, G. Lagaly, "Chapter 1 General introduction: Clays, clay minerals, and clay science", Developments in Clay Science, 1, 1-18 (2006).
– A. Martínez de Azagra, J. del Río, "World map of potential areas for the use of water cooling pitchers (botijos)", Journal of Maps, 11, 240-244 (2015).
– G. Pinto, V. M. Díaz, M. Martín, P. Lahuerta, M. T. Martín, F. Sotres, I. Paz, "Aprendamos física experimentando con una sustancia mágica: ¡El agua!", Sección de Experimentos de Ciencia en Acción ( http://cienciaenaccion.org/ ): http://www.bit.ly/1PDyc11
– Rolex Awards, A cheap technique for food preservation, M.B. Abba.
– G. Pinto, Enfriamiento del agua contenida en recipientes cerámicos porosos. Universidad Politécnica de Madrid.

jueves, 4 de febrero de 2016

El cambio climático nos hace pobres




Marta H. Vázquez


Restaurar el 12% de las tierras erosionadas permitiría alimentar a 200 millones de personas



Restaurar el 12% de las tierras erosionadas reduciría drásticamente la escasez de alimentos. En concreto, se podrían alimentar 200 millones de personas para 2030. Así lo ratifican los datos ofrecidos por la Comisión Global sobre Economía y Clima, recogidos en la campaña de la Fundación Ecología y Desarrollo (Ecodes) El cambio climático nos hace pobres. Es tiempo de actuar.

La FAO también alerta: el cambio climático incide en la cantidad, la calidad y la diversidad de los alimentos y es un importante «multiplicador del riesgo de hambre». El calentamiento del planeta –prevé esta organización- podría aumentar el número de niños malnutridos en 24 millones más para el año 2050 así como el porcentaje actual del 12% de población que sufre hambre crónica. «La creciente amenaza del cambio climático para el suministro mundial de alimentos y los retos que plantea para la seguridad alimentaria y la nutrición requieren medidas políticas urgentes», señala la directora Adjunta para Recursos Naturales de la Organización, María Helena Semedo.

El calentamiento global tendrá un impacto importante en cultivos esenciales como el trigo, el arroz y el maíz, advierten desde Ecodes. Además, los aumentos de temperatura y la variabilidades del clima intrínsecas a este fenómeno afectarán no solo al acceso a los alimentos sino también a su uso y a la estabilidad de precios, según se extrae de los estudios del IPCC.

La campaña hace especial hincapié en que es posible aumentar la resiliencia a los cambios en la producción agroalimentaria que pueda provocar el cambio climático. Se trata de adelantarse a los acontecimientos naturales adversos y adaptarse a sus efectos ineludibles, garantizando la seguridad alimentaria y reduciendo la vulnerabilidad de aquellos para los que la agricultura es su medio de subsistencia.

En este sentido, Ecodes ha querido poner en valor proyectos concretos como el de Intermon Oxfam en Tailandia, que está ayudando a construir sistemas de riego y drenaje para preservar los cultivos en épocas de sequía o inundaciones, o el Proyecto Desiertos Verdes, que permite recuperar zonas áridas en 20 años y a bajo coste con un ingenioso sistema de irrigación.

«La vinculación entre el calentamiento del planeta y el empobrecimiento progresivo de sus habitantes es inequívoca, y requiere la movilización de todos», sostienen desde Ecodes. Con este fin, en www.cambioclimaticoypobreza.org se han puesto a disposición del público, de forma abierta y gratuita, informaciones, documentos, estudios, imágenes y vídeos que lo corroboran.

Publicado en ETHIC

miércoles, 3 de febrero de 2016

Pinturas que se ‘comen’ la contaminación

Vista de la capa de contaminación aérea de Madrid. / EFE


Varios ayuntamientos españoles prueban estos materiales sometidos a una reacción química que ayuda a eliminar los gases tóxicos de las ciudades.


La polución que producen los coches provocan la muerte de 7 millones de personas cada año, según la Organización Mundial de la Salud. Ante esta situación, considerada alarmante para este organismo, los ayuntamientos buscan y prueban soluciones para reducir el aire tóxico de las ciudades.

A las medidas de reducción del tráfico, se une el uso de pinturas, pavimentos y mobiliario urbano en los que se ha aplicado dióxido de titanio, un compuesto químico que, en contacto con el oxígeno y la luz solar de la atmósfera, neutraliza considerablemente los gases contaminantes. A este proceso se le conoce como “fotocatálisis”.
El CSIC, a la cabeza en la investigación de estos materiales

El Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), dependiente del CSIC, investiga desde hace 26 años el efecto de la radiación del sol en los contaminantes del agua y el aire. El responsable de la Unidad de Análisis y Tratamientos fotocatalíticos de la contaminación en aire, Beningno Sánchez, asegura a la Cadena SER que “el objetivo es conseguir pinturas o cementos con tratamiento fotocatalítico cada vez más efectivo y duradero”. Esta unidad estudia el grado de erosión que sufren estos pavimentos y aceras cuando pasan muchos vehículos diariamente.

Beningno Sánchez opina que el asfalto fotocatalítico es más efectivo en el interior de los aparcamientos porque en la calzada-asegura- tiene más desgaste por el rozamiento de las ruedas de los vehículos y la lluvia”. "Los ayuntamientos nos solicitan que analicemos los diferentes materiales que van saliendo al mercado para futuras decisiones en la infraestructura de la ciudad”, asegura este investigador.

Pinturas ‘fotocatalíticas’ para las fachadas de los edificios

Las fachadas sometidas a este tratamiento pueden ser muy efectivas para absorber la contaminación. Según el CIEMAT, una fachada orientada al sur y sometida a muchas horas de luz solar, puede tener una eficiencia del 40% en la eliminación de gases tóxicos”.

En España, ya hay ejemplos de estos tratamientos en el espacio público. La empresa Activa, ya ha instalado este tipo de pavimentos en varias zonas de la Avenida Diagonal de Barcelona, algunas calles del distrito de Villaverde, en Madrid, y participa en un proyecto piloto en Alcobendas (Madrid) junto al CIEMAT.

La Unidad que dirige Benigno Sánchez, participa en un proyecto europeo denominado LIFE MINO x STREET, dirigido a diseñar ciudades más eficientes.

En el caso del proyecto que se está desarrollando en la localidad madrileña de Alcobendas, los investigadores de este centro público llevan un año probando la resistencia de varias calles sometidas al proceso de fotocatálisis. "Inicialmente, funcionan bien -asegura Benigno Sánchez- pero sólo llevamos un año con el proyecto. La duda es qué ocurrirá dentro de más años”.

La respuesta a todo ello está en fase de discusión por este organismo que alerta también sobre la contaminación en los espacios interioresde la ciudad. “Ponemos mucho énfasis en la polución que existe en la calle pero no nos percatamos del aire que entra en los espacios de trabajo o en nuestra casa que tiene también muchos elementos contaminantes”, concluye este experto.


Publicado por NIEVES GOICOECHEA en CADENA SER

martes, 2 de febrero de 2016

NO PODEMOS EVITAR EL FUTURO, SÍ DARLE FORMA” por Paul Gilding, exdirector de Greenpeace



Ante la Cumbre del Clima, el mensaje de Paul Gilding, exdirector de Greenpeace, alienta la esperanza 

El autor de La gran disrupción y reciente protagonista del documental y llamamiento a reaccionar Normal is over ve un equilibrio entre urgencias y oportunidades humanas.


Para el exdirector ejecutivo de Greenpeace, las malas noticias son que estamos en vísperas de la mayor crisis que la humanidad haya visto jamás, con graves problemas globales como el cambio climático. No hay tiempo que perder, por lo tanto, en oportunidades a aprovechar como la próxima Cumbre internacional de cambio climático de Naciones Unidas (COP21) de diciembre en París, donde se deberá establecer un acuerdo que releve al Protocolo de Kyoto.

Las buenas noticias, según Gilding, son que podemos superar la crisis y salir más reforzados. Según el hoy escritor y consultor en sostenibilidad, “la historia demuestra que la humanidad sabe actuar en tiempos de crisis”. Estudioso de la Segunda Guerra Mundial como ejemplo de la capacidad humana para reaccionar ante una crisis dramática, Gilding evoca un tiempo no tan lejano: “Pensemos, por ejemplo, en la forma en que la población de Londres respondió a los bombardeos alemanes. Las bombas sacaron lo mejor de las personas. Todos ayudaban a todos en aquellos tiempos oscuros”.

“La crisis sacará lo mejor de las personas”

La crisis que nos espera en las próximas décadas es la consecuencia de nuestro modelo económico, totalmente basado en el crecimiento material, explica Gilding. “Hemos explotado de forma abusiva nuestro planeta. Hoy en día, la Tierra necesita un año y medio para reponer los recursos que agotamos en un año.

Y cada vez será peor: en 2050 necesitaremos cinco o seis planetas para satisfacer nuestra voracidad”. Pero, en última instancia, esto no ocurrirá, opina Gilding. “Solo tenemos una Tierra. En los próximos años la economía mundial se detendrá con gran estruendo. Nos enfrentaremos a varias décadas de inestabilidad, conflictos por los alimentos, el agua y los recursos. La Tierra nos pasa factura de nuestra explotación abusiva”.
“Surgirá una economía no basada en el consumo”

Sin embargo, también toma cuerpo una notable oportunidad. Para Gilding, “la crisis sacará lo mejor de las personas. Esta es la fuerza de la humanidad: cuando está entre la espada y la pared, cambia totalmente su comportamiento”. Después de la crisis surgirá una economía no basada en el consumo, sino más bien orientada hacia las cosas que nos hacen realmente felices: más tiempo para la familia y la comunidad, más conciencia del mundo que nos rodea.

Los bancos tienen un papel importante como financiadores del cambio, invirtiendo, por ejemplo, en energía sostenible y agricultura ecológica. “Estos son los mercados en expansión del futuro. Actualmente hay innumerables iniciativas y empresas que trabajan por un futuro sostenible y estos son los que debemos reforzar”, subraya.

PAUL GILDING

En los años noventa, Paul Gilding (1959) fue directo ejecutivo de Greenpeace Internacional y en los últimos quince años ha trabajado como asesor de sostenibilidad. Está ligado al programa de liderazgo sostenible de la Universidad de Cambridge. “Empecé como activista, pero con los años descubrí la importancia de colaborar con la sociedad para lograr un futuro común sostenible”, afirma.

Foto de Michiel Wijnvergh · Texto de Tobias Reijngoud, publicado originalmente en De Kleur van Geld(revista de Triodos Bank Holanda).

domingo, 31 de enero de 2016

Megalópolis: un urbanismo de película



Laura Zamarriego | Imagen: Área metropolitana de Tokio


Más de la mitad de la población mundial vive en áreas urbanas

Las megaciudades apenas cubren el 5% de la superficie terrestre



Cuando en 1927 el cineasta austriaco Frintz Lang imaginó su Metrópolis futurista de 2026, acertó en que las áreas urbanas podrían llegar a sobrepasar los 100 millones de habitantes. En julio, China anunciaba su deseo de crear una megalópolis de 130 millones de habitantes. Será una región de 215.000 kilómetros cuadrados, casi dos veces el tamaño del estado de Nueva York. El presidente chino, Xi Jinping, lo presentó como un proyecto que unirá las tres principales metrópolis del norte del país –Pekín, Tianjin y la provincia de Hebei– y que será un modelo para la futura urbanización de China.

En 1800 sólo tres ciudades superaban el millón de habitantes: Londres, Pekín y Tokio. Un siglo más tarde serían 16 las urbes con tal densidad de población. Desde entonces, el ritmo de crecimiento ha sido exponencial: 74 ciudades en 1950, 442 en 2010 y 502 en 2015.

De esas 502 aglomeraciones urbanas, 74 superan los 5 millones de habitantes, hay 29 megaciudades −por encima de los 10 millones−, 12 megalópolis –que alcanzan los 20 millones− y una –Tokio− con más de 30 millones. Es decir, más de la mitad de la población mundial vive en áreas urbanas, porcentaje que, según los pronósticos, puede aumentar hasta el 66% en 2050. Y no precisamente por la multiplicación del número de ciudades, sino porque las ciudades que existen cada vez son más grandes y cada vez albergan más habitantes por kilómetro cuadrado. A pesar de que estas polis concentran más de 3.500 millones de personas, apenas cubren el 5% de la superficie terrestre.

De la casi treintena de megaciudades que hay en la actualidad, 16 están en Asia, cuatro en América Latina, tres en África, otras tres en Europa, y dos en América del Norte. El ranking actual lo lidera Tokio, con 38 millones de habitantes en su área metropolitana, seguida de Nueva Delhi, con 25; Shanghai, con 23; México DF, Sao Paulo y Bombay, con 21; Osaka y Pekín, con 20; y el área de Nueva York-Newark y El Cairo, con 18’5.

Se calcula que unas 200.000 personas migran cada día a una ciudad, aunque no todas alcanzan el destino deseado: a la vez que las ciudades se expanden, crecen los suburbios urbanos. Mil millones de personas (una sexta parte de la población mundial) vive en uno de los 200.000 asentamientos precarios del extrarradio urbano (slums) que existen en el mundo. Más grave aún es el hecho de que, en las tres próximas décadas, este número se duplicará. En las ciudades africanas, casi dos tercios de la población habitan en slums. Solo en América Latina, la región más urbanizada y desigual del planeta, el 80% de la población vive en ciudades y más de una cuarta parte en villas miseria, como se conoce a los suburbios en países como Argentina. Si bien se estima que más de 3.000 millones de personas accederán a la clase media de aquí a los próximos 25 años.

La explosión demográfica y la incorporación al mercado de todos estos consumidores desemboca en otro debate ineludible: la gestión de los recursos naturales y las materias primas. Limitándonos a la movilidad urbana, por ejemplo, la producción de vehículos actual, unos 90 millones anuales, tendría que elevarse por encima de 100 ó 120 millones en la próxima década para satisfacer las necesidades de todos los habitantes.


Este paisaje pone de manifiesto la necesidad de repensar la forma en que se urbaniza el planeta y abordar problemas como la desigualdad o la contaminación. Otro dato: más del 70% de las emisiones de CO2 procede de usos urbanos (15.000 millones de toneladas en 1990, 25.000 millones en 2010 y en 2030 se prevén 36.500 millones).

El informe de Naciones Unidas para la OCDE The emerging middle class in developing countries sostiene que cualquier agenda de planificación urbana que aspire a tener éxito deberá considerar las necesidades de las ciudades de todos los tamaños. Y asegura que una buena gestión puede aportar oportunidades de desarrollo económico para extender los servicios básicos, como la educación y la salud, a un elevado número de personas. Además, según concluye el documento, facilitar servicios como el transporte público, la electricidad o el acceso agua y saneamiento a zonas densamente pobladas es mucho más barato y menos dañino para el medio ambiente que hacerlo en zonas rurales con población muy dispersa.

«La gestión de las áreas urbanas se ha convertido en uno de los retos más importantes del siglo XXI. El acierto o fracaso que tengamos al impulsar ciudades sostenibles será el factor más importante en el éxito de la agenda de desarrollo post 2015 de la ONU», asegura John Wilmoth, director de la División de Población de DESA de la ONU. Desde el carsharing, pasando por la proliferación de huertos urbanos, la forma en que estas megaciudades continúen produciendo y consumiendo determinará su sostenibilidad social, ecológica y económica.

Publicado en ETHIC

sábado, 30 de enero de 2016

Catamaranes alemanes para limpiar los mares de basura plástica




Un barco que empezará a navegar este verano podrá recoger en cada misión unas dos toneladas de basura que puede ser reciclada en tierra.

El catamarán con el que Günther Bonin, un pionero ecologista alemán y experto en informática de 60 años, desea poner en marcha una envidiable e inédita campaña para limpiar los mares de la basura plástica, será botado al mar en el verano de este año. Mide 12 metros de largo por ocho de ancho, es desplegable y ya ha sido bautizado con un nombre apropiado para la función que debe desempeñar en el futuro: “Seekuh”, que en español podría traducirse como “Vaca marina”.

La primera y crucial tarea de la embarcación cuando comience a navegar frente a las costas del Mar Báltico germano será demostrar que una embarcación de ese tipo puede servir de ejemplo para iniciar la descomunal tarea de limpiar los mares de la basura plástica. Gracias a su diseño, el catamarán podrá recoger en cada misión unas dos toneladas de basura que puede ser reciclada en tierra.

“Con el catamarán Seekuh queremos demostrar que se puede hacer algo para limpiar los mares y los ríos de basura plástica. Nuestra embarcación no acabará con el problema de la contaminación, pero es una pequeña solución y también un gran paso hacia adelante”, dice Bonin, durante una entrevista telefónica con EL PAÍS. “El Seekuh es un catamarán desplegable que puede ser transportado en un contenedor para llevarlo a cualquier parte donde se le necesite. La embarcación debe viajar mucho para demostrar que funciona”.

El diseño del catamarán, ideado por Bonin y el ingeniero Dirk Lindenau, está formado por ocho módulos separables, y contempla la instalación, entre los dos cascos de acero de 12 metros de largo, de una red movible que tendrá la misión de pescar la basura plástica. A causa del tamaño de las redes, el catamarán solo podrá ser utilizado en aguas cuya profundidad no exceda los cuatro metros.


A causa del tamaño de las redes, el catamarán solo podrá ser utilizado en aguas cuya profundidad no exceda los cuatro metros.

La construcción del catamarán, que también contará con un laboratorio a bordo y espacio para buceadores, tiene un costo de 250.000 euros y en parte fue financiado por donadores privados, la fundación Röchling y Telekom. Si el prototipo demuestra que funciona, Bonin no descarta la idea de aceptar ofertas para construir nuevas embarcaciones y ya está trabajando en el diseño de un nuevo proyecto: el See-elegant (Elefante marítimo), que podrá convertir la basura plástica en energía que le ayudara a navegar.

Cuando el Seekuh comience a navegar en las aguas del Mar Báltico, Günther Bonin habrá hecho realidad una visión que tuvo en abril de 2009, cuando navegaba como patrón a bordo de un yate de lujo entre Vancouver y San Diego. En medio de la travesía y a cien millas náuticas de la costa, la naturaleza le ofreció un espectáculo magnifico y, al mismo tiempo, aterrador: vio como una familia de ballenas y sus crías nadaban a través de una isla flotante de basura plástica.

“Cuando vi a las ballenas nadar entre la basura me dije que había que hacer algo para combatir la contaminación en el mar,” contó Bonin, quien es también un veterano y experimentado velista. “En ese momento algo me hizo ‘click’ en la cabeza y me propuse hacer algo para intentar eliminar esa basura de los mares”.

La maqueta en 3D del 'Seekuh', con las redes en el centro.


Bonin tardó tres años en madurar su idea y en 2011 dio vida a la organización One Earth One Ocean cuyo objetivo, según se puede leer en su página web es “liberar a la tierra de los residuos plásticos”. Según la organización que dirige Bonin, en la actualidad existen cinco islas gigantes de residuos plásticos flotando sobre los mares. La isla más grande de residuos flota sobre el océano pacifico y es tan grande como Europa central.

“Cada año llegan al mar unas 10 toneladas de basura plástica”, dijo el ecologista al resumir el desafío que tiene por delante su organización y también los catamaranes que puedan ser construidos en los astilleros de Lübeck en el futuro. “Y por cada tonelada de plástico que se recicle se puede obtener entre 800 y 900 litros de petróleo sin azufre”.

La cruzada iniciada por Bonin fue recompensada en 2013 cuando su organización recibió el premio GreenTec, en la categoría Economía y Medio Ambiente, la mayor distinción que se otorga en Europa para premiar una labor en defensa del Medio Ambiente. El premio le sirvió para difundir su cruzada y le ayudó para poner en macha otro proyecto ambicioso en Africa destinado a limpiar los restos de petróleo que flotan en el delta del rio Níger en Nigeria.

En junio de 2015, un equipo de 10 personas mostró a las autoridades del país que la limpieza del delta era posible gracias a la ayuda de un algodón hidrófilo capaz de absorber petróleo.

La cruzada de Günther Bonin recién ha comenzado, pero el ecologista tiene un problema práctico que depende de las leyes del mercado. A pesar de la fama y éxito que ha cosechado, su organización necesita dinero y todavía los grandes donantes no parecen dispuestos a financiar un trabajo que podría evitar una pequeña catástrofe en el futuro.

“Todo el mundo sabe que la contaminación de los mares es un gran problema, pero todavía ese problema no ha echado raíces en la mentalidad empresarial”, dijo Bonin. “Espero que algo cambie en el futuro, porque el problema es enorme”.ARCHIVADO EN:

Publicado por ENRIQUE MÜLLER en EL PAÍS