B SOSTENIBLE

B SOSTENIBLE
Mostrando entradas con la etiqueta FUTURO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta FUTURO. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de mayo de 2016

Bristol, Kolkata y Malmö: las nuevas capitales ya no compiten en tamaño

foto ciudad sostenible ok

El mundo está cada vez más conectado y las grandes capitales compiten por atraer el mejor talento, sin importar la nacionalidad, la profesión o el idioma. En este escenario, las llamadas ciudades secundarias –los principales núcleos de población regionales- encuentran cada día más dificultades para retener a sus residentes y captar el interés de los foráneos. La visión a largo plazo que una ciudad tiene de sí misma resulta imprescindible para que estos núcleos se conviertan en una opción real de aquellos que están dispuestos a emprender, trabajar o, simplemente, establecerse en un lugar para formar una familia.
La ciudad británica de Bristol, que en 2015 fue nombrada European Green Capital, es un buen ejemplo de cómo ha sabido hacer competencia a los encantos, posibilidades y oportunidades que ofrece una capital como Londres. Desde el año 2000, el ayuntamiento de esta ciudad encuesta a más de 29.000 hogares cada año para medir la sostenibilidad de la ciudad y, de paso, evidenciar los cambios que ha ido experimentando hasta lograr este reconocimiento que concede la Comisión Europea.
“Nuestro éxito a la hora de atraer financiación, talento y puestos de trabajo con el programa Bristol Is Open se logra juntando a la gente adecuada con la tecnología adecuada y en el momento adecuado”, señala el alcalde de la ciudad, George Ferguson, en una entrevista concedida a The future of cities: creating a vision, de KPMG. Ferguson reconoce que una ciudad no es tan diferente a una empresa: “Las compañías tienen que mantener contentos a sus accionistas. Los accionistas de Bristol son nuestros ciudadanos y ellos también esperan que la ciudad les pague dividendos”.
Bristol ha conseguido colgarse la medalla de ciudad sostenible, algo por lo que cada vez más núcleos aspiran para presentarse ante el mundo como una alternativa real a las megalópolis. Pero el concepto de sostenibilidad ha cambiado: si en la década de los 90 se hablaba de reducir los niveles de contaminación, ahora la referencia va mucho más allá.
El informe citado defiende que una ciudad también debe ser sostenible desde el punto de vista financiero, logrando evitar que las necesidades a corto plazo impidan llevar a cabo las inversiones sociales a largo plazo. También ha de serlo desde el punto vista social –reduciendo la violencia y logrando una mayor inclusión-, medioambiental –aumentando su capacidad productiva de la tierra que ocupa y los deshechos que genera- e incluso psicológica, esto es, generando sentido de pertenecía en quienes la habitan.
La ciudad india de Kolkata también es un ejemplo de esfuerzo por alcanzar una mayor sostenibilidad. Entre los años 2013 y 2014 puso en marcha un plan de modernización de sus infraestructuras para aliviar la pobreza y maximizar la eficiencia de los servicios. Al contrario de lo que pudiera pensarse, la primera medida fue reducir la burocracia de la ciudad para gestiones como el pago de salarios o expedición de certificados. Estas iniciativas no solo hicieron que la gestión de la ciudad fuera más eficiente, sino que reforzara su imagen pública.
Malmö, en Suecia, es otro caso de estudio en este informe sobre la sostenibilidad de las ciudades. La que hace décadas fue una ciudad eminentemente industrial abocada a una reconversión forzosa hoy se ha convertido en un polo de atracción de jóvenes emprendedores y en un modelo de ciudad ecológica.
Según José Luis Blasco, socio responsable de Gobierno, Riesgo y Cumplimiento de KPMG en España, “en el siglo del gran boom demográfico, nos convertiremos en más urbanitas que nunca. Las ciudades competirán por ofrecer prosperidad, y gestionar el crecimiento será el reto. Aquellas que consigan modelos de crecimiento más inteligentes, inclusivos y limpios, ganaran la partida”.
La pugna por convertirse en una opción de preferencia frente al catálogo de servicios que puede ofrecer una gran capital mundial ha llevado a estas urbes a medir su nivel de sostenibilidad de diferentes maneras. Hoy en día existen distintas formas de cuantificarlo, pero no de una forma estandarizada que permita establecer un ranking en base a criterios determinados.
“Medir el bienestar en unidades de PIB se está demostrando erróneo. Nos encontramos en el proceso de crear nuevas métricas que incorporan la creación de capitales antes no medidos, pero no por ello igualmente importantes o más para una ciudad. Capitales como el entorno natural, el desarrollo tecnológico o la convivencia humana forman parte de estas nuevas formas de medición. Las llamamos ahora nuevas pero en realidad nunca han dejado de ser las palancas de la prosperidad de nuestra sociedad”, concluye Blasco.
publicado en valores digitales

miércoles, 24 de febrero de 2016

Al Gore: The case for optimism on climate change


Conferencia de Al Gore sobre cambio Climático en TED. El audio y los subtítulos están en inglés.

Al Gore has three questions about climate change and our future. First: Do we have to change? Each day, global-warming pollution traps as much heat energy as would be released by 400,000 Hiroshima-class atomic bombs. This trapped heat is leading to stronger storms and more extreme floods, he says: "Every night on the TV news now is like a nature hike through the Book of Revelation." Second question: Can we change? We've already started. So then, the big question: Will we change? In this challenging, inspiring talk, Gore says yes. "When any great moral challenge is ultimately resolved into a binary choice between what is right and what is wrong, the outcome is foreordained because of who we are as human beings," he says. "That is why we're going to win this."

lunes, 15 de febrero de 2016

La nueva Agenda para el Desarrollo Sostenible y nuestro proyecto de país


Todos los países y sociedades sin excepción tendrán que llevar a cabo las transformaciones necesarias para alcanzar un futuro común de prosperidad. También España.



Nos estamos acercando al momento de la verdad. Al momento de alcanzar nuevos acuerdos políticos y sociales que materialicen el sentir de la ciudadanía tras las pasadas elecciones, en el contexto de una crisis que se ha prolongado durante años y en el que el diálogo político y la búsqueda de consensos fundamentales son difíciles.
En un contexto tan complejo como este, la nueva Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible acordada por los líderes mundiales en la Cumbre de Jefes de Estado celebrada el 25 de septiembre en las Naciones Unidas, donde España estuvo representada por S.M. el Rey, así como el acuerdo alcanzado en París sobre Cambio Climático en diciembre —los dos pilares de una nueva agenda global para el desarrollo sostenible—, ofrecen una visión de futuro y un espacio de encuentro sobre el que es posible articular acuerdos y construir un proyecto de país transformador y de largo plazo.
Esta nueva agenda es profundamente transformadora porque marca objetivos y establece mecanismos que atacan las causas, y no los síntomas, de la pobreza, la desigualdad y la degradación del medio ambiente. A diferencia de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que expiraron en 2015 y del protocolo de Kioto, los ODS y el acuerdo de París son de aplicación universal a todos los países, desarrollados y en vías de desarrollo, y también a todos los actores, sector privado incluido. Los ODS no son, como en cierta forma fueron los ODM, una prescripción de los gobiernos de los países desarrollados a los de los países en desarrollo a cambio de ayuda. Por el contrario, representan un nuevo pacto universal, un contrato social global. Todos los países y sociedades sin excepción tendrán que llevar a cabo las transformaciones necesarias, de diferentes maneras, y adaptadas a su realidad, para alcanzar un futuro común de prosperidad. Todos los países estamos en vías de desarrollo sostenible.
A diferencia de la anterior agenda de la ayuda al desarrollo, los problemas y las demandas más sentidas de los ciudadanos y ciudadanas españolas están reflejados en (y respaldados por) los nuevos ODS: desde la desigualdad de renta y oportunidades, a la provisión de servicios básicos universales y de calidad; desde la necesidad de reducir la pobreza en nuestro país, hasta hacer nuestras ciudades más sostenibles y seguras; desde la garantía del acceso a la vivienda, hasta la conservación de nuestros ecosistemas; desde el acceso a la energía y la transformación del modelo energético hacia uno basado en renovables, hasta la lucha contra la desnutrición y la pobreza infantil; desde la lucha contra los paraísos fiscales, hasta la lucha contra la corrupción. Sólo por poner algunos ejemplos.
La lectura de la crisis económica y sus efectos deja también algunas lecciones aprendidas que nos permiten valorar las oportunidades que ofrece la nueva agenda para la prosperidad y la transición hacia un nuevo modelo social y de crecimiento económico en España, verde e incluyente. Muchas de las empresas y centros de investigación españoles punteros en el mundo, y que han resistido a la crisis —a pesar de la reversión de incentivos públicos—, operan en los sectores que la nueva agenda identifica como estratégicos: en energías renovables, en eficiencia energética, en redes de distribución inteligentes; en tratamiento y gestión integral del agua; en medios de transporte eficiente y sostenible; en agricultura sostenible; en infraestructuras resilientes y de calidad; en el desarrollo de nuevas vacunas... Muchas de las políticas públicas más exitosas que se han desarrollado nuestro país, reconocidas internacionalmente, son pilares de la nueva agenda: políticas de igualdad de género; de dependencia; sistemas eficaces de salud pública universal; de gestión integral del agua... Tenemos ventajas competitivas y capacidades ya creadas en nuestro sector público y privado, gracias a haber dispuesto políticas públicas e incentivos adecuados en su momento, para articular nuestro proyecto de país alrededor de la nueva agenda global de desarrollo sostenible.
Los ODS y los acuerdos de París nos deben servir para orientar las prioridades en áreas clave donde nos jugamos nuestro futuro: en nuestras políticas sociales, en nuestro modelo de reindustrialización, en nuestro modelo de ciudades, de desarrollo rural, en nuestros sistemas de I+D, en nuestro sistema educativo, en nuestra política de cooperación al desarrollo. ¿Por qué no adoptar la nueva agenda y los ODS como el aglutinante de pactos de estado esenciales para nuestro futuro a largo plazo?
Por si fuera poco, los ODS y París serán también el referente ante el cual nuestro país será valorado internacionalmente como más o menos exitoso, como modelo a seguir o a evitar, en las reuniones ministeriales anuales de seguimiento de los ODS y en las cumbres de Jefes de Estado previstas a tal efecto cada cuatro años. Un excelente incentivo: la proyección internacional.
Definitivamente, en este contexto complejo, la nueva agenda representa el mejor marco de consenso sobre el que perfilar el modelo de país que queremos para el siglo XXI. Si España construye su proyecto de país alrededor de los ODS y los cumple, será en 2030 un país próspero, cuyo modelo económico será intensivo en conocimiento y estará basado en sectores productivos competitivos porque son bajos en carbono y básicos para el desarrollo sostenible, capaz de generar empleo de calidad para los y las jóvenes, que no sufre pobreza extrema en ninguna sus dimensiones, con derechos sociales y civiles universalmente garantizados, que preserva y regenera sus recursos naturales y ecosistemas, y que es líder en la construcción de un mundo igualmente próspero y sostenible porque hace de la lucha contra la pobreza y el desarrollo global sostenible el eje de su lugar en el mundo.
Para ello, hacen falta consensos fundamentales y la voluntad política para tomar medidas de gran calado. Medidas que será difícil tomar, puesto que la nueva agenda global es de naturaleza fuertemente política, e implica priorizar entre diferentes opciones de políticas, sectores, tecnologías y también entre grupos de interés, algunos muy poderosos. Difícil, pero por supuesto, abordable.
Hagamos que los ODS y la agenda del clima, a la que España se ha comprometido internacionalmente, aglutinen un pacto de progreso y transformación a largo plazo por el desarrollo sostenible —ojalá, un pacto de estado—, y pongámonos manos a la obra con las reformas institucionales y legislativas que sean necesarias, que serán muchas y profundas. No dejemos pasar esta oportunidad.
Gabriel Ferrero es asesor senior en planificación de la Agenda 2030 en la Oficina Ejecutiva del Secretario General de las Naciones Unidas desde 2012 y fue Subdirector General de políticas para el desarrollo en la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional entre 2006 y 2011.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusive de su autor, y no necesariamente reflejan los puntos de vista de las Naciones Unidas o sus estados miembros.

martes, 2 de febrero de 2016

NO PODEMOS EVITAR EL FUTURO, SÍ DARLE FORMA” por Paul Gilding, exdirector de Greenpeace



Ante la Cumbre del Clima, el mensaje de Paul Gilding, exdirector de Greenpeace, alienta la esperanza 

El autor de La gran disrupción y reciente protagonista del documental y llamamiento a reaccionar Normal is over ve un equilibrio entre urgencias y oportunidades humanas.


Para el exdirector ejecutivo de Greenpeace, las malas noticias son que estamos en vísperas de la mayor crisis que la humanidad haya visto jamás, con graves problemas globales como el cambio climático. No hay tiempo que perder, por lo tanto, en oportunidades a aprovechar como la próxima Cumbre internacional de cambio climático de Naciones Unidas (COP21) de diciembre en París, donde se deberá establecer un acuerdo que releve al Protocolo de Kyoto.

Las buenas noticias, según Gilding, son que podemos superar la crisis y salir más reforzados. Según el hoy escritor y consultor en sostenibilidad, “la historia demuestra que la humanidad sabe actuar en tiempos de crisis”. Estudioso de la Segunda Guerra Mundial como ejemplo de la capacidad humana para reaccionar ante una crisis dramática, Gilding evoca un tiempo no tan lejano: “Pensemos, por ejemplo, en la forma en que la población de Londres respondió a los bombardeos alemanes. Las bombas sacaron lo mejor de las personas. Todos ayudaban a todos en aquellos tiempos oscuros”.

“La crisis sacará lo mejor de las personas”

La crisis que nos espera en las próximas décadas es la consecuencia de nuestro modelo económico, totalmente basado en el crecimiento material, explica Gilding. “Hemos explotado de forma abusiva nuestro planeta. Hoy en día, la Tierra necesita un año y medio para reponer los recursos que agotamos en un año.

Y cada vez será peor: en 2050 necesitaremos cinco o seis planetas para satisfacer nuestra voracidad”. Pero, en última instancia, esto no ocurrirá, opina Gilding. “Solo tenemos una Tierra. En los próximos años la economía mundial se detendrá con gran estruendo. Nos enfrentaremos a varias décadas de inestabilidad, conflictos por los alimentos, el agua y los recursos. La Tierra nos pasa factura de nuestra explotación abusiva”.
“Surgirá una economía no basada en el consumo”

Sin embargo, también toma cuerpo una notable oportunidad. Para Gilding, “la crisis sacará lo mejor de las personas. Esta es la fuerza de la humanidad: cuando está entre la espada y la pared, cambia totalmente su comportamiento”. Después de la crisis surgirá una economía no basada en el consumo, sino más bien orientada hacia las cosas que nos hacen realmente felices: más tiempo para la familia y la comunidad, más conciencia del mundo que nos rodea.

Los bancos tienen un papel importante como financiadores del cambio, invirtiendo, por ejemplo, en energía sostenible y agricultura ecológica. “Estos son los mercados en expansión del futuro. Actualmente hay innumerables iniciativas y empresas que trabajan por un futuro sostenible y estos son los que debemos reforzar”, subraya.

PAUL GILDING

En los años noventa, Paul Gilding (1959) fue directo ejecutivo de Greenpeace Internacional y en los últimos quince años ha trabajado como asesor de sostenibilidad. Está ligado al programa de liderazgo sostenible de la Universidad de Cambridge. “Empecé como activista, pero con los años descubrí la importancia de colaborar con la sociedad para lograr un futuro común sostenible”, afirma.

Foto de Michiel Wijnvergh · Texto de Tobias Reijngoud, publicado originalmente en De Kleur van Geld(revista de Triodos Bank Holanda).